Crónica









De cómo el cabrón exorcizó sus fantasmas.

200 golpes de Jamón Serrano de Marina Otero por Yako

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Sin embargo, ninguno de estos altercados modificó en un ápice nuestra opinión final de la obra: Un paso obligado de la cartelera teatral off.


Inconveniente n°1: L. viene a las corridas. Día difícil. Largo para ambos. Caras largas y despeinadas. Ropa arrugada y desprolija. Todavía no había llegado a descansar cinco minutos que ya tenía que salir para la función. Todos los miercoles igual: en la medida que avanza el día, me voy arrepintiendo más y más de haber pedido las acreditaciones. Sin embargo, a pesar de que nunca es nuestro mejor día, teníamos información clasificada de que no podíamos dejar pasar esta obra por nada del mundo.

Inconveniente n°2: Las luces se apagan y quien habla es Florencia Bergallo - actriz de largo recorrido - que nos dice que Marina Otero dramaturga, actriz, bailarina, directora de la obra, en fin, nuestro motivo para estar donde estamos un miércoles a la noche, no va a poder cumplir con su parte por encontrarse lesionada y que ella será su reemplazante.

Inconveniente n°3: Garzón, actor de fuste aunque “medio famoso” - como se autodenomina en la obra -, pierde el hilo y se olvida la letra. Para volver a enlazar las líneas del monólogo, es ayudado por una mujer que le grita desde su butaca.

Sin embargo, ninguno de estos altercados modificó en un ápice nuestra opinión final de la obra: Un paso obligado de la cartelera teatral off.

Marina Otero sufre una crisis artístico-existencial luego de que su interesantísima performance autoficcional "Recordar 30 años para vivir 60 minutos", ganara en 2015 el premio a la mejor dirección en la Bienal de Arte Joven y recibiera distinciones en distintos festivales de mundo. Gustavo Garzón, por su parte, un actor mainstream en franco declive desde hace al menos una década - siempre de acuerdo con su propio relato -, también se encuentra en crisis con su oficio y vocación. Quiso el destino que ambos, en medio de procesos similares, se encontraran. Fue él quien la buscó a ella - según lo que nos dicen durante la obra -, luego de ver su premiada performance al menos en un par de ocasiones. Dice sobre el escenario que algo ahí, en esa performance, le hizo ver parte de un camino para encontrar aquello que estaba buscando. Una verdad, algo parecido a una verdad. Garzón estaba cansando de poner el cerebro y la palabra. De ser una máscara, una cáscara, un remedo de actor. Lo que sentía que necesitaba, como parte de esa búsqueda, era poner el cuerpo en acción... y si había algo que ofrecía el trabajo de Otero era, justamente, cuerpo y acción. El mail que a continuación le escribe Garzón a Otero es parte de la obra, como todo lo que pasó a partir de ese punto y todo lo que pasó antes, hasta ese momento en que Garzón decide ponerse en contacto con ella.

Este trabajo para Garzón significa puro riesgo. Sin mucho que perder - según su relato - y con mucho que ganar, decide asociarse creativamente con una artista que se encuentra en sus antípodas. Así vemos en el escenario dos planetas en disputa pujando, peleando - a veces literalmente - por crear algo nuevo, diferente. La zona de confort versus el salto al vacío, lo comercial contra lo independiente, el off oponiéndose al on, el dinero en oposición a la libertad creativa, todo esto se ve de forma - por momentos más poético, por momentos más trash; por momentos más metafórico, por momentos más literal -, sobre el escenario. Para Marina el proceso resultará un paso más en su profundización dentro de ese género tan bien logrado en su primera obra que es la autoficción. Si en Recordar 30 años quien se expone hasta el desnudo, hasta niveles que dan pudor ajeno mediante todo tipo de artilugios es Marina, aquí - en 200 golpes… - quien se abre sin concesiones al público es él mientras Marina oficia como una especie de guía, gurú o chamán.

¿Entonces qué vemos? Es difícil de explicarlo. Por un lado vemos lo que pasa en el escenario, una historia - excelentemente contada y excelentemente actuada - donde el límite entre lo que es real y lo que no es sumamente difuso. Vemos un puesta sencilla y un actor famoso que pone el cuerpo quizá como nunca antes en su carrera. Pero por el otro vemos el volcán, vemos al hombre que una vez fue a buscar a una de las jóvenes más prometedoras de la escena teatral independiente, dispuesto a llegar hasta casi las últimas consecuencias con tal de encontrar aquella verdad que siente que se le está escapando de las manos mientras pasan los años. La obra resulta tan interesante, tan rica y con tantas capas de lectura que detenerme en ellas siento que es sacarle parte de la magia. Mi proposición es que no dejen de pasar una semana más sin verla. Así como intuyo que la construcción de esta obra operó en las zonas más profundas de Garzón haciéndolo emerger como un sujeto - sin dudas - renovado, intuyo que puede lograr lo mismo en cada uno de ustedes. Por lo pronto, después de pasar por esta experiencia L. y yo renovamos, una vez más, nuestra fe eterna en el teatro.

Hasta luego!



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200 golpes de Jamón Serrano

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

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Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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