Reseña

Una marca indeleble

“Relato de una mujer abusada, que busca purgar su pasado para justificar su presente”

Piel Marcada

de Lucía Steimberg

por Sebastian Kargdorian

Piel Marcada

Un perchero, una bolsa de residuos, un banco y dos fuentones (casi co-protagonistas de la obra) son la justa y necesaria escenografía que encontramos mientras nos acomodamos en nuestras butacas. En la penumbra del fondo logramos distinguir una silueta, cómodamente sentada, expectante. En calma.

Entonces Elena interrumpe violentamente en la escena y la tragedia da inicio.

¿Cómo reaccionamos ante la violencia?

Lucía Steimberg, brillante actriz y dramaturga de PIEL MARCADA, nos enfrenta al dolor con un relato en primera persona, íntimo y desgarrador, del que no podemos escapar. Nos atrapa, nos sacude. Inocente, desesperada, temerosa, sensual. Ella es todos los personajes y todos los momentos de una mujer que reconstruye su pasado para justificar su presente. Una mujer que suplica un presente sin pasado, un presente elegido. Nos mira fijamente y nos interpela. ¿Con qué ojos podemos observar un cuerpo sufrido, sacudido por un hecho atroz?


Piel Marcada

Alejandra Marino, aquella silueta del fondo, interviene sorpresivamente por momentos... corrige, acompaña y avasalla con pequeñas e imperceptibles acciones que refuerzan la sensación de absoluta soledad que invade a Elena. Y que, por tanto, nos invade a todos nosotros. La penumbra constante y necesaria, nos convierte en cómplices de una historia que con el transcurso de los minutos va confirmando nuestras peores sospechas. Pero dudamos.

Los momentos de tensión devienen en silencios eternos. Y luego, la risa. Porque como toda tragedia que se jacte de tal, debe de tener comedia. El personaje nos conquista, nos divierte, empatiza con nosotros y logra que nos sea más llevadero ese dolor latente, constante, que se respira en la sala. Nos reímos y nos enamoramos de esa mujer que por momentos nos cuenta anécdotas triviales, simpáticas y que son también un fiel reflejo de cada uno de nosotros. Nos reímos nerviosos, porque nos abruma una duda. ¿Podemos reírnos del dolor?

Porque, seamos sinceros… todos nos sentimos bien lamentando el sufrimiento ajeno. Nos adentramos en este relato, similar a tantos otros y difícil como todos ellos. Este relato de una mujer humillada, con la dignidad tatuada en la piel pero con su joven vergüenza en manos de otro, del que sólo se puede liberar con un grito desgarrador.

Y nos libera a todos, finalmente, pero dejándonos la piel marcada.



Escrito por Sebastian Kargdorian


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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