Reseña

Una obra sin desperdicio de principio a fin

Excelente texto de Juan Ignacio Fernández con impecable dirección de Tatiana Santana. Una puesta que surfea entre el drama y la comedia y, esa transición, fluye sin fisuras ni anestesia.

A la buena de Dios

de Juan Ignacio Fernandez

por Natalia De Elia

A la buena de Dios

El padre Julián, oriundo de Mendoza, fue trasladado a Catamarca, pero Amalia, Sofía y Estela no abandonan su compromiso con él y emprenden un viaje en auto desde Mendoza para llevarle las donaciones que han juntado los habitantes del pueblo. Con ese compromiso y esa convicción que las une, parten estas 3 hermanas. Una mala interpretación del mapa hace que se pierdan y, para colmo, se quedan sin nafta. Estamos en los 70´s, no hay celulares que nos socorran de situaciones como ésta, así que no queda más que esperar a que amanezca y que algún auto de paso las socorra.

Justo acá comienza la historia, en el momento en que las hermanas quedan varadas “a la buena de dios” (expresión que usaba bastante mi abuela) y que se va a resignificar más de una vez antes del final.

Tres personalidades muy distintas que, en ese momento de crisis chocan entre si y provocan que la menor decida no esperar por ayuda y salir a buscarla. Pero en vez de ayuda, traerá con ella a Juan Ismael, un periodista que está escapando de la policía.


A la buena de Dios

El contexto político-social de esos días pisa muy fuerte en la obra y, cuando se manifiesta, lo hace para poner en evidencia el abuso de poder de las fuerzas de seguridad.

Excelente texto de Juan Ignacio Fernández con impecable dirección de Tatiana Santana. Una puesta que surfea entre el drama y la comedia y, esa transición, fluye sin fisuras ni anestesia. Como si fuera poco, Santana toma una gran decisión que da más vuelo a la propuesta: los actores van a componer personajes del sexo opuesto.

José Escobar, Andrés Granier y Guido Botto Fiora interpretan al trío de hermanas con gran plasticidad, credibilidad y de forma muy inteligente. Demuestran sobrada capacidad actoral y no caen en ningún lugar común. Como espectadora, rápidamente me convencen de que son Amalia, Sofía y Estela. Sus mujeres están llenas de sutilezas que las diferencian en personalidad. Un gran trabajo de los tres, quienes tienen la tarea de abrir la obra y plantear el juego, cosa que logran de inmediato.

Ana Scannapieco, Maite Velo y Verónica Lopez Olivera se destacan en sus composiciones, poderosas, aportando una cuota dramática sin remarcaciones. Escenografía, vestuario e iluminación merecen ser destacados. Todo en la obra es estéticamente bello y uno ya lo intuye antes de comenzar, cuando recibe el programa de mano con la hermosa ilustración de Juan Francisco Reato. Amigos, una obra para ir a ver.

Escrito por Natalia De Elia


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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