Reseña

Antología de un Pelotudo Importante de Cristian Majolo por Marcos Koremblit

Antología de un pelotudo importante

Según la Real Academia española la palabra Pelotudo “se aplica a la persona estúpida, imbécil y de escasa razón”.

Hacer una reseña de esta obra es en algún sentido una tarea sencilla: la obra es encantadora, durante casi dos horas Majolo logra un clima de acción y concentración que no decae en ningún momento. Y con el intercambio con el público que el espacio de El Cubo favorece, logra una cercanía y un clima de camaradería del que resulta imposible quedar afuera. Uno se ve llevado a participar del mismo de la mano de Majolo por el estilo entrador, inteligente y fundamentalmente porque no es en ningún momento una incitación a participar de manera intrusiva, sino cómplice y afectuosa.

Cristian Majolo me ha sorprendido siempre y en cada obra suya por diferentes motivos: director que se pone al hombro proyectos nada sencillos como “Bodas de Sangre” o “Jamás me levanto la mano” y sale airoso de los mismos. En actuaciones como “Dormir en el agua” dando vida de manera original a Mariano Moreno, o en “Bodas…” misma, y también resulta convincente.

Pero su versatilidad hace que en esta ocasión arme a pulmón, solo, un unipersonal en el que se luce en varios sentidos: logra con muy pocos recursos un manejo escénico donde rápidamente consigue una identificación con cada uno de los siete personajes que propone. Ya al comienzo nomas con “Augusto hace el casting” logra a través de distintos ritmos unos cambios de estilos musicales que resultan desopilantes ya que con mucha agudeza ha logrado observar y transmitir con humor y calidad mucha de la chabacanería y chantada de nuestro medio artístico. Con “Puta” es inevitable participar de esta invitación ya que Majolo se mete en un tipo de código y lenguaje nuestro tan sensiblemente, que uno inevitablemente siente que está ahí, que habla de y con uno como un hermano. Lo mismo sucede con “El Taita”, “el Paranoico”, y el entrañable “Dr. Pareja”, personajes en los que inevitablemente alguna vez nos hemos visto reflejados y con los que podemos una vez más sentirnos hermanados en sus desgracias, alegrías y miserias. “Pelopincho” es la descripción de algo que tan típico de nuestra clase media, el intento de transformación de lo peor en algo que parezca sublime -y encima creérnosla- y defenderla cuasi fanáticamente-. Y “Dos minutos” resulta un muy buen remate final para este show enorme.


Porque Majolo logra esto: a través de mostrarse como anti-héroe consigue captar de manera aparentemente sencilla, pero inteligente y sensible, algo enorme que tenemos tan arraigado en nuestro imaginario, que hace que las casi dos horas de espectáculo se pasen volando acompañando a Majolo con sus míticos, entrañables y queribles personajes de nuestra cultura cotidiana. Seguramente que todos somos un poco Majolo y todos ellos: antihéroes que luchamos por lograr algún lugar en la vida y nos engañamos de manera ilusoria creyendo que “la pelopincho” es lo mejor que nos puede pasar en el verano. La palabra “pelotudo” no podría haber sido mejor elegida. Describe rápidamente un sentimiento popular que nos auna y que no requiere más explicación. Todos sabemos de qué estamos hablando. Rememora lo que hace años nos traían Nacha y Shusheim con la ya legendaria “Canción de los boludos” que lograba un efecto parecido. Mención aparte merece la prohibición por parte de las redes sociales de incluir la palabra “pelotudo” del nombre de este espectáculo. Confirma una vez más que los argentinos…somos bastante pelotudos, ya que la palabra “se aplica a la persona estúpida, imbécil y de escasa razón”. …O no?

Escrito por Marcos Koremblit


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.



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