Reseña

Cactus Orquídea es una pieza teatral hermosa, simple y contundente.

Vemos trabajo y compromiso de los actores desde el primer momento. Muy bien escrita y dirigida por Cecilia Meijide. Esta obra es la tercera producción del grupo de investigación teatral EL ENSAMBLE ORGANICO; un grupo que sabe rodearse de talentos ya que escenografía, objetos, música, vestuario, todo está perfectamente compuesto para esta pieza.

CÁCTUS ORQUÍDEA

de Cecilia Meijide

por Natalia De Elia

CÁCTUS ORQUÍDEA

La sinopsis nos cuenta sobre Boris: Un hombre pierde a su mujer, pero en vez de extrañarla su vida se silencia. A través de su empleado conoce a una mujer, quien le regala una semilla que al plantarla hace volver a la persona que uno perdió. La puede ver y despedirse. Pero para llegar a este momento de la vida de Boris, necesitamos conocer las historias de los otros personajes. Y la de uno se va a conectar con la del otro. La de Denzel con la del Peque, y luego con la de Imelda y así). Y la unión de todas las partes será la obra.

Así como la dramaturgia de Cactus Orquídea es la unión de pequeñas historias individuales que se van entrelazando para formar una única historia que las contiene a todas, en la puesta en escena vemos el mismo dispositivo de acción: la participación activa e individual de cada uno de los actores que, al servicio del relato, funcionan como una única y precisa maquina teatral que maneja objetos, monta y desmonta escenografía, manipula sonidos, interpreta más de un personaje, en fin… todo lo necesario para que la historia fluya.


CÁCTUS ORQUÍDEA

Entonces nos encontramos aquí, con una propuesta que plantea un mecanismo espejo entre el desarrollo de la historia y la forma de contarla: necesitamos del relato de todos, la acción de todos, la participación de todos. Una obra que, a priori, nos habla de personajes que no son felices. Están atravesados por la soledad, la perdida, el dolor. Pero lo intentan. Intentan la felicidad de una u otra manera, buscando refugio en cosas simples como el baile, la botánica, la lectura.

Un párrafo aparte merece la escenografía. Magnifica propuesta, perfecta para esta obra. La recuerdo y no se me ocurre que se pueda hacer de otra manera. Los distintos escenarios (un bar, el museo de Bellas Artes, una ferretería, otro bar) aparecen y desaparecen del suelo. Surgen y resurgen de la tierra, como las plantas. Todo se arma rápidamente como en un sueño o como quisiéramos que aparezcan las personas que provocaron nuestra soledad.

Así, como estos, Cactus Orquídea, tiene muchos puntos de contacto entre lo que se cuenta y como se lo cuenta, y es lo que le da belleza al espectáculo. Porque dentro de la simpleza hay millones de sutilezas para ser vistas y, apuesto a que depende del ojo que la vea, variarán las maravillas que puede encontrar.

Y sin revelar mucho, a título personal, me quedo con la bellísima imagen de Modigliani y Boris en el Museo. Un momento para atesorar.

Escrito por Natalia De Elia


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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