Cronica

Bienvenidos a mis crónicas

Es domingo y llueve. Mi cerebro navega entre la depresión y la dispersión. Son las cuatro de la tarde y estas son las primeras líneas que puedo tipear después de seis horas frente al monitor.

por Yako

...Ya pasé por una película bastante interesante, por el primer capítulo de una nueva serie animada de Netflix al estilo de Seth MacFarlane y por casi todos los diarios opositores y oficialistas. Pasé también por varias notas publicadas en la revista digital Anfibia y por varias entrevistas - todas muy interesantes - publicadas en Almagro, otra revista digital para recomendar. Para poder escribir, primero tengo que llenarme de palabras. Todas estas palabras o estas imágenes que me llevan varias horas consumir, funcionan como el cebador de mi motor intelectual. Una vez que identifico el momento, cierro todo hastiado de tanto consumo y abro una hoja en blanco tal como en la cual me encuentro escribiendo. Mis dos perros - Afrika y Sandro - están al lado mío durmiendo, mientras los restos del almuerzo que fueron restos de otro almuerzo, están un poco más allá sobre la mesa del comedor injustificadamente grande. Si se les ocurre alguna imagen más dominguera que esa, desde este momento, los invito a rebatirla.

Estoy con miedo y me siento en crisis. Puedo decir sin temor a equivocarme que, por varios motivos, veo este 2018 como uno de los años más olvidables de mi vida. Pocas cosas buenas me pasaron o vi pasar, y si muchas malas. Sin embargo, he aquí que me encuentro escribiéndoles a ustedes, lectores, a través de esta nueva columna, este nuevo espacio digital que deTeatro me brindó. Hace tiempo vengo trabajando - entre otras cosas - como lo que pomposamente llamo cronista teatral. Hace tiempo, también, vengo esperando la posibilidad de trabajar para un medio como este, por lo que es y por la potencialidad que aún le queda para ser creciendo. Es esto lo que me llevo a escribirles a Darío y a Ruth en primera instancia y a aceptar su propuesta en la segunda. Son ustedes, los lectores, los futuros lectores, la cantidad de lectores que espero tener, los que me llevan a escribir hoy, en este domingo gris, mi presentación personal para esta columna.


Cuando me refiero a mí mismo como cronista teatral, lo hago con el temor de no querer ofrecerme como más de lo que soy. No estudié teatro, ni periodismo, ni literatura, aunque soy un amante de todas ellas. No puedo vivir sin escribir por lo que, me considero sobre todo, un narrador de historias. Sí estudié la carrera de cine - de manera inconclusa - y soy docente de la materia de Artes Audiovisuales. De todas maneras, si me preguntan, me gustaría considerarme más un guionista y director en construcción que cualquier otra cosa. Parafraseando a Fito Páez, vengo a ofrecerles mi corazón, aunque también mis historias y mi mirada. Entonces hablo de crónicas y no de críticas, porque mi intención es la de ofrecerles un relato de aquello que cada obra teatral, una vez por semana, haya dejado impregnado en mi cerebro y en mi cuerpo. Siempre, se los prometo, siempre, seré caprichosamente parcial y subjetivo. Todo lo que les diga serán verdades parciales dictadas directo desde lo más profundo de mis entrañas a mis dedos, aunque muchas veces terminen echando humo de tan solo intentar alcanzar mis pensamientos. Les propongo un espacio desde el cual puedan ir conociéndome a mí, crónica tras crónica, obra tras obra, columna tras columna, para empezar a formar esa relación escritor-lector que tanto anhelo.

Lamento tener que cerrar esta humilde presentación con un cliché. Nada era más lejano a mi intención, pero fue el texto mismo quien me dirigió hasta acá. Sabrán que en japonés - o en chino, quien sabe - la palabra crisis también significa oportunidad. Así que espero, con el acompañamiento y la ayuda de ustedes, transformar este 2018 que por suerte se empieza a ir, de un año de crisis a un año de oportunidades.

Con todo lo ya dicho, giro la cabeza y por el rabillo del ojo veo como Afrika me pispea para ver cuántas son las chances de que los saque a dar una vuelta aún con esta lluvia que ya no es lluvia, sino que es llovizna. Mi querida Afrika, las chances son muchas. Son muchas.

Hasta luego!

Escrito por Yako


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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