Reseña

Historia de fuego y pasión, amor y muerte entre Mariano Moreno, Guadalupe Cuenca y La Revolución.

"Se reaviva el fuego que el océano no pudo apagar"

Dormir en el Agua

de Amancay Espíndola

por Marcos Koremblit

Dormir en el Agua

Mariano Moreno llegó a la ciudad de Chuquisaca (actual Bolivia) en 1799 para estudiar Leyes. En 1804, durante un paseo por las calles de la ciudad, le llamó la atención el retrato de una muchachita en la vidriera de una tienda. Muy intrigado le preguntó al dueño del negocio si sabía quién era la retratada. Con los datos que obtuvo comenzó la búsqueda hasta finalmente dar con ella: se trataba de María Guadalupe Cuenca, una adolescente de 14 años nacida en Charcas, a quien sus padres la habían destinado a ser monja. El enamoramiento fue mutuo y se casaron a los pocos meses. En 1805 nació Mariano, el único hijo de la pareja. El 25 de mayo 1810 se produjo la Revolución de Mayo, siendo Moreno uno de sus más fervientes protagonistas, aunque unos meses después —por diferencias con Cornelio Saavedra, presidente de la Junta— decidió aceptar una misión diplomática a Londres. Partió el 24 de enero de 1811 en la fragata Fame.

Mientras tanto, desde Buenos Aires María Guadalupe le escribió numerosas cartas, relatándole los sucesos que se producían en Buenos Aires en su ausencia y suplicándole que no se olvide de ella y de su hijito.

Esta obra es un intento de mostrar el intercambio epistolar entre Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca durante el periodo que Moreno estuvo en altamar. Con un austero escenario que consta solo de una cama y papeles desparramados, dan cuenta de las cartas que fueron escribiendo entre ellos.


Dormir en el Agua

A partir de un guión acorde que pretende mostrar el lenguaje y clima de la época, en un lenguaje poético y excelentes interpretaciones, Cristian Majolo y Camila Garófalo van dando vida a estos personajes. Garófalo en el papel de Guadalupe expresa su dolor frente a la espera de su amado y sus celos frente a la posibilidad que él podría estar con alguna otra mujer en Inglaterra. Pero el gran rival de esta mujer fueron las ideas y fuertes convicciones de Moreno, y su fuerte compromiso con la Revolución en el Rio de la Plata. “Me engaña con la Revolución” dice entonces Guadalupe, y teme no poder volverlo a ver. El sospecha que algo siniestro lo espera en este viaje y se queja de fuertes dolores corporales que solo un emético podrían calmar. Tiene frio y teme por el futuro de la revolución. “El peso de las cadenas hace que uno no tenga ganas de sacárselas” dice. “Prefiero una libertad peligrosa antes que una servidumbre tranquila” agrega Moreno.

El último día de febrero, después de varios días de sentirse mal, el capitán del buque le suministró una sobredosis de tártaro emético que le produjo la muerte el 4 de marzo. «¡Viva la patria, aunque yo perezca!», fueron sus últimas palabras. Su cuerpo fue arrojado al mar cerca de la costa de Brasil. Unos meses después Guadalupe recibió todas sus cartas juntas, cerradas, con la triste noticia de que su querido esposo había muerto.

“Acuéstese con la Revolución y duerme con ella en el agua” dijo finalmente Guadalupe a manera de amorosa despedida.

Esta obra acaba de estrenarse en la muy propicia Sala 3 de La Comedia, marco adecuado para este intercambio que de manera bella y austera nos muestran Garófalo y Majolo.

Las muy adecuadas caracterizaciones de Clara Nociti, la música en el piano de Christian de Miguel que acompaña toda la obra, la escenografía de Federico Muñoz y una muy tenue iluminación creada por Julián Bisogno para esta puesta, generan un espacio breve, pero de bello clima para esta pieza que nos permite acercarnos a personajes de nuestra historia en un retrato muy humano y conmovedor.

Escrito por Marcos Koremblit


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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