Crónica









Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca

El adulador de Carlo Goldoni por Yako

Mirá más sobre El adulador acá

Mediados del siglo XVIII. En una Francia feudal y decadente, un gobernador y su familia se ven envueltos por obra y gracia de su patetismo en el lujoso chiche del secretario y adulador de la Corte. o.


El adulador es el enemigo perfecto. Hay varios que se me cruzan por la cabeza pero más vale no dar nombres propios. Basta con decir que generalmente son de nuez marcada, nariz aguileña y ágiles corporalmente - la servicialidad, aunque fingida, requiere de mucho movimiento grácil -. Su frase de cabecera suele ser “mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca” y esto se debe a que el adulador, en última instancia, busca ocupar el espacio del adulado siempre que éste se encuentre más arriba en la pirámide social u obtener algún favor específico. Si, por el contrario, se encuentra por debajo en la escala, su meta será mantenerlo allí inmóvil y sumiso. El adulador es un ególatra que a cambio de sus palabras busca el beneficio propio. Para el adulador su palabra es el mejor regalo y, como todo regalo, pronto se vuelve una obligación a ser retribuida. Esta retribución está garantizada en tanto y en cuanto el adulado sea un sujeto que permite que estas palabras vacías lo satisfagan, bajando la guardia y permitiendo al adulador penetrar aquel espacio que de otra manera resultaría inexpugnable. El adulador es, en otras palabras, de lo más común que podemos encontrar en esta selva que llamamos vida.

Mediados del siglo XVIII. En una Francia feudal y decadente, un gobernador y su familia se ven envueltos por obra y gracia de su patetismo en el lujoso chiche del secretario y adulador de la Corte. Así podría resumirse esta buena obra, con buenas actuaciones - Alejandro Awada en el papel del secretario - y una puesta que con sus colores flúor, sus peinados estrambóticos y el porte de varios de los personajes, remite a cierto universo burtoneano - una mezcla que podría muy bien darse entre El cadáver de la novia y Alicia en el País de las Maravillas -. En un tono de comedia ligera, esta obra viene a recordarnos que la corrupción de la clase dirigencial no es patrimonio de la Argentina, ni nosotros sus fundadores. Parece ser que, ¡oh sorpresa!, los líderes políticos de aquel entonces eran tan corruptos como lo son ahora y, en fin, como parecen haberlo sido siempre, en cualquier lugar.

Es destacable que, en un año de elecciones tan complejas, desde el circuito oficial se ofrezca la posibilidad de ver esta obra cargada de contenido político y de humanidad. Porque si la monarquía, el feudalismo, la nobleza, la burguesía y la servidumbre son términos que han caído en desuso, otros nuevos han surgido y aún somos las personas quienes detentamos el poder dotando de sentido la vida en sociedad con todo lo bueno, lo no muy bueno, lo malo y lo terrible que ello implica. Nuestras debilidades están a la orden del día y los siete pecados capitales oficializados por el Papa Gregorio en el siglo VII, no sólo no pasan de moda sino que, de tanto pecador, la misma Iglesia se vio obligada a acrecentarlos agregando otros siete. Sin embargo una salvedad: Suardi - adaptador y director - elige para su obra un final demasiado benevolente. El arrepentimiento lo envuelve a todo y a todos. El humano no es malvado, sino que es idiota, se nos dice. Son sus propias vanidades la que lo idiotizan. Cuando el velo de aquella vanidad que engaña como la serpiente se corre, el hombre es capaz de actuar con rectitud. Así, el corrupto pasa por víctima. Lo mismo que el engañador y cualquier otro atentador social.

Lo que queda desasnar entonces, aquello que se oculta detrás de la pátina cómica, es si la corrupción es una condición ad hoc para la detentación del poder. Si todos los líderes son corruptos - o si al menos los líderes políticos lo son - entonces deberíamos volver a cero y replantearnos desde el principio qué significa aquello de detentar el poder y cuáles son los mecanismos para hacerlo de la forma más eficaz y satisfactoria posible. Todos los sistemas han nacido, han tenido un auge y han perecido en manos de un nuevo sistema, por lo tanto es de esperar que eventualmente la democracia y el capitalismo también lo hagan. Si lo que venga será un sistema que elimine las debilidades del ser humano, seguramente no sea otra cosa diferente a un gobierno de robots.

Hasta luego!



Mirá más sobre El adulador acá

Leé otras noticias, reseñas y crónicas acá


El adulador

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

Muchas gracias por seguirme.
Todas las semanas nuevas crónicas relacionadas a la oferta teatral porteña.
Espero que disfrutes tanto el teatro como yo.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

Esta Nota fué leida 492 veces.

Publicitá en deTeatro.com.ar




Vendé tus entradas en deTeatro

Realizado con el apoyo de Con el apoyo de Proteatro