Reseña

Una reseña de "El círculo de tiza caucasiano" de Bertolt Brecht

“Las cosas son del que mejor las cuida”

El círculo de tiza caucasiano

de Bertolt Brecht

por Marcos Koremblit

El círculo de tiza caucasiano

Bertolt Brecht escribe El círculo de tiza caucasiano entre 1944 y 1945 durante su exilio norteamericano. Fue estrenada en Alemania en 1954, siendo Brecht director del teatro “el Berliner Ensamble que fundara con su esposa, la actriz Helene Weigel”; el IFT fue el primer espacio cultural que dio cabida a una puesta sobre la obra, de la mano del grupo teatral El Galpón de Montevideo, en 1959. Manuel Iedvabni la estreno en el Espacio IFT en 1983, año del regreso de la democracia. La puesta actual que se vuelve a representar en el IFT dirigida también por Manuel Iedvabni, tiene la misma estructura que aquella que el director llevó adelante en 1983 .

Ambientada en la Georgia soviética de post-guerra y en medio de una disputa entre dos familias por la posesión de las tierras, la obra cuenta cómo durante una revuelta el gobernador Georgi Abachvilli y su esposa Natella deben abandonar el palacio para salvar la vida y, en la prisa, abandonan a su bebe Michael recién nacido. Una joven sirvienta del palacio Gruche se apiada del pequeño y se hace cargo de él. Con muchos sacrificios lo lleva a una aldea vecina y allí lo cría y lo cuida como si fuera suyo.

La misma revolución convierte a Azdak, un lugareño borracho y pendenciero, en juez, y sus sentencias favorecen siempre a los pobres y desgraciados. Cuando la auténtica madre regresa para reclamar a su hijo, se organiza un juicio para determinar cuál de las dos mujeres debe conservar la custodia. Se decide que el niño quedará con aquélla que consiga sacarlo de un círculo diseñado con tiza, agarrándolo cada una de un brazo.


El círculo de tiza caucasiano

Pese a la victoria de Natella, Azdak el juez, atribuye la custodia a Gruche. Esta es la versión brechtiana del juicio salomónico, favoreciendo así a quienes se lo merecen y no a los poderosos, por la necesidad de justicia hacia el más débil. (En realidad, el repentino interés de Natella por su hijo radica en que lo necesita para entrar en posesión de los bienes de su marido, decapitado por los revolucionarios.)

La obra termina con estos versos que explican y constituyen la moral de toda la pieza:

“Lo que existe debe pertenecer a aquellos
que para eso valen.
Los niños para que florezcan
las madrecitas.
Los coches a los buenos cocheros,
para viajar bien.
Y el valle a los que lo riegan para que dé sus frutos”.
La obra, inspirada una vieja leyenda china, plantea la esencia de la maternidad, de la justicia para un pueblo humillado por su aristocracia y de cómo hacer para sobrevivir y conservar el sentido de lo humano en medio de convulsiones políticas. Esta temática tan actual recorre toda la práctica teatral de Brecht y hoy cobra una enorme vigencia. El grupo teatral lleva adelante el proyecto con la composición de más de un personaje en escena cada uno. Realizando un excelente y homogéneo trabajo en equipo, se destacan por sus roles la realización del personaje narrador (y cantante) por parte de María Marta Guitart, el de la bella y compasiva Gruche a cargo de Roxana del Greco y el del juez Azdak interpretado por Pablo Flores Maini. La coreografía es muy adecuada y la música en escena bellamente compuesta por Morgado, es una pieza fundamental para esta puesta. El vestuario de época está muy bien resuelto y los actores en su conjunto realizan un trabajo impecable permitiendo así el despliegue de adaptación enorme que ha hecho Manuel Iedvabni, quien realizo un muy logrado trabajo sobre este clásico de la obra de Brecht.

Muy recomendable.

Escrito por Marcos Koremblit


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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