Reseña

En nuestra jaula elegimos qué guardar y qué no.

Realidades que se mezclan, planos que se cruzan y sinsentidos que nos provocan.

El loco y la monja

de Stanislaw Ignacy Witkiewicz

por Luciano Crispi

El loco y la monja

Para quienes les gusta disfrutar de una propuesta teatral en donde el límite entre ficción-realidad es casi invisible, “El loco y la monja” de Stanislaw Witkiewicz es la opción a tener en cuenta. El claroscuro de las instalaciones del “IMPA, Centro Cultural La Fábrica” brinda el elemento siniestro que nos prepara para lo que vendrá: una puesta en escena que implica áreas de espera, escaleras, pasillos y finalmente el espacio donde se desarrolla la obra. A modo itinerante, los personajes - de corte expresionista - guían a los espectadores por un hospital psiquiátrico de principios del siglo XX y nos ubican rodeando la habitación en donde duerme un poeta devenido en loco. Lo rudimentario del ambiente coincide con las violentas y nocivas prácticas utilizadas en la búsqueda de la cura y la sanidad mental. Y ese va a ser el principal tema que atraviese toda la obra. ¿Cómo determinar la insanidad psíquica? ¿Es el amor el camino de salida de las perturbaciones, o es la liberación del deseo sexual - las cuales conectan con la expresión más visceral e impulsiva – la que proporciona sensación de vida plena? Quizás ambas sean las respuestas que se acerquen a una misteriosa verdad, que en realidad no busca dar diagnósticos y tratamientos psiquiátricos.

La clave de este trabajo teatral está en reflexionar sobre cuán conectados con el deseo y sus manifestaciones estamos las personas. Ya sea para la vinculación amorosa, la creación artística, el desarrollo profesional, la búsqueda espiritual y futura redención, la ambición de éxito y poder, o para sanar antiguos traumas que todavía generan dolor. Todas estas intenciones son las que mantendrán a los personajes dentro y fuera de la principal celda que sirve de habitación donde se investiga a Walpurg. Es interesante señalar la utilización de varios niveles en cuanto a profundidad espacial que propone la directora, Magdalena Magrini, generando escenas que transcurren delante, dentro y detrás de las rejas que encierran a los actores. Cada mente tiene su jaula y somos nosotros, los creadores de ella, quienes debemos elegir qué guardar allí y qué no para ser más felices. Porque, si es que no estamos “locos”, eso es lo que deberíamos querer. Y escribir un poema, entonces, puede ser el momento de felicidad efímera más profundo de un alma agobiada.


El loco y la monja

La música en vivo completa lo que la escenografía, la iluminación y las actuaciones están contando de este submundo olvidado: las instituciones vetustas y carentes de control, que cuántos cadáveres acumularon en pasillos ocultos. Muy acertadamente los sonidos incidentales y melodías contemporáneas llenan de clima y acompañan lo que - al abandonar la sala - nos planteamos como una realidad soñada o realidad al fin. Realidades que se mezclan, planos que se cruzan y sinsentidos que nos provocan. Ante tanta perversión debido a la falta de escrúpulos, y los métodos experimentales que anestesian las miradas frente a los hechos que se suceden, lo onírico viene a manifestar ese deseo, insisto, que se reprimió o se asesinó.



Sobre IMPA, Centro Cultural La Fábrica

El IMPA, Centro Cultural La Fábrica fue fundado el 1 de mayo del 2009 y sustenta, como colectivo, la independencia y autonomía de cualquier signo partidario, fomentando los valores de la cooperación y la solidaridad, ofreciendo un espacio a los trabajadores del arte y al público.

Luego de una larga lucha, el inmueble fue expropiado por el Congreso Nacional en el año 2015 y entregado en comodato a la Cooperativa “22 de Mayo”; en la medida que mantenga su modalidad de producción cooperativa y su propuesta de Educación y Cultura, que legalmente ha quedado a cargo de la Cooperativa de Educadores Populares y la Asociación Cultural IMPA La Fábrica.

IMPA, Industria Metalúrgica y Plástica Argentina, es una empresa productora de aluminio que fue fundada en 1910 con capitales alemanes. Llegó a contar con plantas fabriles en Quilmes, Ciudadela y Almagro, siendo esta última sede la única que continúa en funcionamiento. En 1946, durante el gobierno de Juán Perón, IMPA se nacionalizó, y en 1948 se incorporó a la Dirección Nacional de Industrias del Estado. En esos años IMPA llegó a ser líder en el mercado y presidió la Cámara de la Industria del Aluminio en Argentina. En 1997 la empresa entró en convocatoria de acreedores, ya que tenía una deuda de 8 millones de dólares, producto de las crisis económicas y de los manejos de la administración cooperativa. En 1998 ocupan la fábrica los/as trabajadores y asumen la administración y la producción.

En ese primer momento no contaban con materia prima y los servicios de luz, agua y gas estaban cortados. Solo se tenía coraje, rabia y la firme decisión de cambiar la historia. Con pocos recursos, resistencia y mucho ingenio, los trabajadores han logrado, desde la constitución de IMPA como empresa recuperada, conservar los puestos de trabajo organizados en la Cooperativa “22 de Mayo”.

En la actualidad funcionan en IMPA otras tres cooperativas de trabajo además del Centro Cultural, un bachillerato, varios profesorados, la “Diplomatura Floreara”, el “Museo IMPA” (que abre sus puertas un sábado al mes), “Barricada TV” y “Radio Semilla”, y se brinda un espacio para los jubilados/as del barrio de Almagro.

Escrito por Luciano Crispi


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