Reseña

“Si hay amor se ayuda como se puede”

Dirigida por Leopoldo Minotti, la obra nos invita a espiar la intimidad de una familia atravesada por un hecho doloroso que los obliga a reaccionar y accionar.

El lugar perdido

de Juan Ignacio Fernández

por Natalia De Elia

El lugar perdido

Si tuviera que describir rápidamente la obra, diría que “El lugar perdido” es un drama familiar que pone en jaque los vínculos sanguíneos y el lugar que cada quien ocupa en una familia. Pero lejos de emitir un juicio de valor sobre estos lazos, cosa que en todo caso hará el espectador, el autor los pone de manifiesto a través de la voz de estos personajes dejando mucho a la interpretación del público quien, como dije antes, podrá juzgar, identificarse, enojarse, lo que sea, pero no podrá dejar de repensarse en su propio núcleo familiar. Porque definitivamente nosotros somos nosotros más el bagaje familiar que nos acompaña aunque no queramos (y la psicología bien sabe de esto).

La frase “cada pareja es un mundo” perfectamente podría aplicarse a la familia ya que cada una es una construcción única. Esta familia nos presenta a Federico y Elina, un matrimonio de las afueras de Buenos Aires padres de dos hijas ya grandes: Irma y Ángeles. Ángeles no vive en el pueblo, sino que migró a la ciudad de la mano de su tía paterna, Pampa. Pampa es un ser controlador, fuerte y citadino que contrasta mucho en carácter con su hermano y cuñada y que, con anhelos de grandeza y gran futuro, se llevó con ella a su sobrina preferida. Pero Ángeles intenta suicidarse y el hecho, terrible, obliga a todos a despertar del letargo en que se encuentran.

Por el relato deducimos una infancia mucho más feliz que el presente. El amor de esos padres, las limitaciones, la incapacidad.


El lugar perdido

Al final de la obra ningún espectador podrá dudar que, a pesar de las miserias, las imposibilidades o las carencias, estos personajes están llenos de un amor desmesurado. La dirección de Leopoldo Minotti logra un clima de gran intimidad y mucha armonía entre la música, la escenografía y las transiciones escénicas. Sobrevuela la pasividad del campo y, como contrapeso, el fuego interno de los personajes. En este punto vale la pena destacar las actuaciones que, en lo personal, me han conmovido: Patricia Gilmour (Elina) y Nora Kaleka (Pampa) quienes mantienen durante toda la obra la tensión de la emoción, de lo no dicho, de la contradicción interna de manera muy genuina y absolutamente verdadera. Tan frágiles y tan fuertes.

“El lugar perdido” se presenta los lunes en el Teatro del Pueblo y quedan muy pocas funciones así que hay que apurarse.

Escrito por Natalia De Elia


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