Reseña

El viento escribe de Enrique Papatino por Marcos Koremblit

Escribir es una esperanza de manipular la eternidad…

El viento es el único que dice la verdad. Silva, sopla con voz ronca, susurra, murmura el tiempo y después calla. Pero íntimamente se ríe de nosotros…

La búsqueda de la verdad es una constante en el ser humano. No somos seres que podamos permanecer indiferentes a esta cuestión. La curiosidad humana es simplemente esto, la necesidad de conocerlo todo. Nadie quiere aprender mentiras ni permanecer en la ignorancia. La filosofía desde siempre trató de responder al tema de la verdad en términos ontológicos (haciendo referencia a su existencia real). A partir de Descartes y la modernidad esta pregunta mutó sutilmente hasta convertirse en un tema epistemológico (aludiendo al conocimiento de la verdad). Igualmente sabemos que sólo podemos aproximarnos a ésta de manera limitada y a través del conocimiento que nuestros sentidos nos permitan, siempre parcial, siempre ilusorio, engañoso, nunca de manera completa.

EL VIENTO ESCRIBE es esta obra que se presenta en el Teatro Payró y que obliga a preguntarnos sobre éste y tantos temas de manera cruda, descarnada. Es inevitable transitar con temas tan actuales como la verdad en las ciencias, la mentira, la simulación, la trascendencia, las versiones, la certeza, el fanatismo, etc., en tanto “…Las cosas no son como nos las cuentan…” “La ciencia no sólo acumula hechos, sino que cuestiona la veracidad de los mismos…”, “La autenticidad no se mide por sus contenidos…”, nos dicen mientras intentan de manera desesperada averiguar acerca de la autenticidad de una supuesta carta de Newton a Pascal con un perito, confiando que él sí será acreedor de esta supuesta verdad.
“Buscar la verdad es un juego maravilloso…”, pero “para la ciencia algo no es excluyentemente verdadero o falso…, en tanto puede ser ambas cosas al mismo tiempo…” nos dicen.


La historia: en una academia un coleccionista fanático y desesperado en coleccionar documentos de figuras de la historia (Marcelo Nacci), se obsesiona hasta la locura con supuestas cartas de intercambio entre Corneille y Richelieu . El traficante de documentos (Manuel Longueira) ha conseguido el respeto -hasta sumiso- por parte del coleccionista. Surge entonces el orden -la terceridad- representante de la realidad, que intenta romper la simetría especular, representado en el personaje del Viejo Director (Víctor Hugo Vieyra). Enrique Dacal logra en esta pieza un clima excelente donde todo el tiempo la duda aparece en primer plano; nada es lo que parece logrando de manera eficaz que el espectador se vaya pensando acerca de ésta y tantas otras preguntas esenciales. Las actuaciones de los tres actores son destacables generando entre ellos un rico y eficaz ensamble que obliga a seguir los intercambios sin perder atención a pesar de la complejidad de su trama. Su autor, el dramaturgo Enrique Papatino nos dice: “…Este episodio indaga sobre lo que es auténtico y lo que lo parece. Y el sutil abismo entre las dos cosas. El arte de la simulación crea un vacío para luego llenarlo. Así el simulador vacía a los demás para completarse a sí mismo. Si fuera un paria, se lo restringiría a mero estafador. Si fuera un poderoso, quizá pudiera ser gobernante. En cambio el engañado sería siempre un idiota. No hay salvación para los ilusos. Queda por preguntarse qué tan idiotas pudimos ser frente a la historia contada en muchos ámbitos académicos, políticos y periodísticos, cuya voluntad interpretativa es más vigorosa y efectiva que cualquier simulación…”, y es realmente impresionante la densidad dramática con que el texto está escrito, obligando a mantener vivos estos importantes temas por los que somos todos atravesados, en tanto resultan terrible -y dolorosamente- actuales. Porque “Para crear hace falta atravesar aguas turbulentas…” . Muy recomendable!

Escrito por Marcos Koremblit


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.



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