Reseña

Eye & yo de Dennis Smith por Luciano Crispi

Sobrevivir es vivir de más

Eso es lo que sintió una jovencita cuando la capturaron los nazis.

Las relaciones nietos-abuelos son, posiblemente, de las más especiales que puedan experimentarse en un sistema familiar. Hay quienes opinan que en los abuelos se encuentra una libertad que en los padres no, y el consentimiento -casi incondicional- para demandar y disfrutar mimos. Raras veces establecen límites y son cómplices de las aventuras de sus nietos en cada una de las etapas evolutivas de ellos, incluida la adultez. Sus enseñanzas son a base de anécdotas, comprensión y consejos. Quizás por eso -y para que todos seamos testigos de un amor tan especial- Julieta Cayetina decidió llevar a escena la historia de su abuela. Pero en “Eye & Yo” podemos descubrir, en realidad, su profunda admiración representada -y por qué no- homenajeada en un hecho teatral.

Con una estructura apoyada fuertemente en lo testimonial, y la dramaturgia organizada en relatos que conforman capítulos de vida, el actor Francisco Prim guía los momentos escénicos para que el espectador vaya conociendo la conmovedora historia de Eye: una sobreviviente a siete -sí siete- campos de exterminio nazi. El holocausto (sobre todo) judío contado en primera persona y de manera conmovedora por la gran Laura Oliva, quién despliega una variada gama de matices y virtuosismos efectivamente desarrollados. Conmovedora, graciosa, sutil y con la solidez que solamente otorga una vasta experiencia escénica, Oliva emociona y divierte. Dennis Smith, autor y director de esta propuesta, establece un ágil devenir de situaciones que movilizan a la platea de la risa, a la ternura, pasando por la emoción y la tristeza. Presenta una temática cruda sin caer en golpes bajos y, de esta manera, llegar a lo más profundo de la obra: el amor de Julieta por su abuela. Las muertes, las canciones, los bailes, las huidas y las fechas hirientemente exactas son todas excusas para reivindicar una historia universal pero que -para ella- tiene nombre y apellido, lleva su sangre y de la cual se siente parte. Una gran estrella de David que aloja recuerdos y que los actores recorren fluidamente.


Las escenas se suceden y los detalles comienzan a abundar en los textos de Prim, Cayetina y Oliva; esos devenidos de varias entrevistas a la misma Eye, su amiga Eugenia Unger y su hermano José (ambos sobrevivientes también). La inquietud de saber si estábamos por presenciar una historia real se aclara desde el minuto uno de la obra, y se confirma cuando tomamos dimensión de las adversidades que los prisioneros tuvieron que padecer. Poco hay de elementos ficticios porque la realidad siempre superó a la ficción. Rogar por seguir viviendo, escapar apenas se pueda, no comer nada más que un poquito de sopa, lo mortal que puede resultar tener piojos, la soledad en un destino nuevo, no comer donde se duerme, esperar doce años por el abrazo de un hermano, ver gente morir, ver niños morir, negociar por un día más de vida... En siete años hay -aproximadamente- dos mil quinientos cincuenta y cinco días: todo eso tuvo que resistir Esther Cajg (Eye). Su nieta Julieta quería que muchas más personas conozcan su historia; esa que lleva un número que tatuaron en el antebrazo de su abuela y que no pudo conocer pero, al día de hoy, sigue buscando. Esta emocionada nieta nos explica en el capítulo final que su deseo, también, es grabarlo en su piel cuando lo consiga; para que cada vez que lo mire pueda recordar, contar y dimensionar la fortaleza y sabiduría de Eye.

“Siempre se menciona (a la guerra) pero no hay palabras” reza a modo de mantra una sobreviviente que entendió que la libertad dependía de su capacidad de trabajo y resistencia. Y que cuando la obtuvo pudo rehacer su vida a pesar de las heridas; formar una familia muy lejos de casa; disfrutar de su adorable nieta por muchos años. Pero hay experiencias que van más allá de la comprensión y, quizás, por eso no hay palabras que representen lo que la mente humana no está preparada para soportar y pensar. ¿Entonces cómo recordar? Sobre los minutos finales Eye nos pide respeto por la vida, porque la de ella no fue respetada. Y así el aplauso final acompaña este poético y realista trabajo que logra traspasar la barrera del recuerdo amargo y enaltecer el amor de una nieta y su amada abuela.


Escrito por Luciano Crispi


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.



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