Reseña


La amistad, para salir del encierro

Gallo de Nacho De Santis por Laura Haimovichi

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Un paisaje campero de ignorancia y escasez donde los adultos asfixian y la esperanza se cifra en los jóvenes.


Cuando era un niño, hijo de padres “algo nómades” y antes de afincarse en la gran metrópoli porteña, Nacho de Santis vivió en Cañada de Gómez, Santa Fe, y en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Eran zonas semirrurales en las que veía el horizonte virtualmente infinito de la pampa y percibía el olor claro y distinto del gallinero de una familia vecina con cuyos hijos jugaba.

Esa estampa de una circunstancia autobiográfica sumada a preguntas vitales de la adolescencia dispararon los primeros trazos de un texto dramático que desarrolló en el taller del reconocido dramaturgo Javier Daulte para convertirse en Gallo, su obra de teatro inaugural como autor. La pieza trata sobre la amistad y el amor, esos vínculos que a los quince años suelen indiferenciarse en su intensidad y pueden funcionar como salida real o imaginaria para salir de la falta de comprensión y la asfixia familiar.

La circunstancia que da pie al conflicto dramático es la desaparición de un gallo, clave en la precaria economía doméstica de un linaje que habita en el campo. En Gallo, hay tres generaciones que componen el núcleo del disturbio: Claudio, Luis Gutmann, el abuelo analfabeto y temeroso, dueño y homónimo del ave que, se sospecha, ha desaparecido en manos de algún ladronzuelo; Ana, la enorme madre que compone Adriana Ferrer, guiada por el miedo y la desconfianza quiere proteger al hijo pero lo detiene y lo retiene; y Julián, un Valentino Grizutti de múltiples aristas, el joven que anhela salir al mundo, que canta en público y escribe poesía en secreto. “Yo escribo porque escribo, no me pregunten por qué”, dirá. Será su amigo, Marcos, un tierno Juan Cottet, quien viene de la ciudad y de una familia, otra, sin privaciones materiales, el que oficie de puente hacia el deseo de crecimiento vital que rompa con el agobio de la endogamia. O también podríamos decir del gallinero.


Los avatares de la escasez en todas sus manifestaciones han herido a los adultos. Sus sensibilidades, sus cuerpos, sus pensamientos se han vuelto amargos. No son sólo las carencias materiales las que los afectan sino los prejuicios con los que estigmatizan las relaciones. Llaman peste al amor porque con esa etiqueta encubren el bello sentimiento que ignoran porque no les fue dado y no lo han podido construir. Hablar de una enfermedad contagiosa que atacó a Julián les hace más soportable su propia desdicha.

El gallinero con su alambrado entretejido preside la puesta. Es el centro de la escena y el límite con un peligro que creen que viene del afuera, del monte donde los cazadores andan sueltos y las mujeres son peludas o de la ruta donde está “lo de Lolo”, el lugar de las prostitutas. Pero en ese borde, muy cerca del fuentón donde Ana pone la ropa para tenderla al sol y evoca una juventud que se le ha escapado, Julián y Marcos iniciarán la gozosa aventura de armar una carpa para intentar descubrir quién se ha llevado al gallo y para compartir su amistad. Son los últimos años ochenta, el servicio militar es obligatorio y la virilidad se mide con parámetros diferentes. En esta casa pobre, el gallo que proporciona los huevos ha desaparecido pero la esperanza de una nueva vida está cifrada en los jóvenes a quienes los mayores quieren controlar y fagocitar.

Las actuaciones no tienen desperdicio; son impecables y descarnadas. De la inocencia a la tristeza, la naturalidad aplastante con la que los intérpretes componen a sus criaturas transporta al público a una verdad de la escena, que es inhabitual y conmueve. Con el valioso aporte de la escenografía y la variedad de atmósferas de la iluminación que lleva del día a la noche sin que se note el artificio. La textura folklórica de la música es otro de los aciertos de la puesta de Gallo, dirigida por de Santis, sencilla y profunda.



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Gallo

Escrito por Laura Haimovichi

Periodista y escritora. Fue editora de Espectáculos del diario Clarín y jefa de redacción de la Revista Genios. Es autora de los libros Broderí, De par en par, Agua en la luna, El legado de Aarón y Laetitia. Escribió la obra de teatro para niños Un beso de cuento. Escribió reseñas de teatro para el blog Todo Teatro.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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