Crónica


DEJEN ENTRAR EL SOL!

HAIR - 50 años de por Yako

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En Sarmiento 3131 se yergue uno de los espacios culturales más nuevos, más innovadores y más emblemáticos no sólo de Buenos Aires sino de todo el país.


Ex fábrica aceitera hasta principio de los 90, hace gala de su megalomanía desde el propio nombre, porque para quien no sepa el Konex no es un centro cultural o un espacio cultural sino que es autodenominadamente una Ciudad Cultural, así su nomenclatura: Ciudad Cultural Konex. Un espacio multiespacial, grande, hermoso al que lamentablemente fui y voy muchísimos menos de lo que me gustaría. Mis últimos recuerdos están irremediablemente atados a los primeros años de La Bomba del Tiempo - cuando todavía no era el point cool por excelencia para el turismo joven -, también los lunes, donde el LSD, el porro y el alcohol eran la Santa Trinidad de los jóvenes que bailábamos ahí como posesos, transpirando sudor a mares, pegando nuestros cuerpos unos a otros hasta que los tambores dejaran de sonar. Tampoco habían entonces la cantidad de actividades que ofrece hoy la cartelera, definitivamente convertido en uno de los espacios de referencia ineludible.

Ahí voy, ahí llegamos caminando con L. después de tomar algunas cervezas, para ver la adaptación de lo que es seguramente, 50 años después, una de las obras más emblemáticas en la historia de Broadway: Hair. Sin alusión alguna, el Konex se encuentra exactamente igual salvo por un banner de dos metros por dos metros a un costado de las escaleras, con la típica imagen psicodélica de la obra y el agregado del “50° aniversario”. Parados delante, se sacan fotos hombres y mujeres en grupos que promedian los 60 y que en algunos casos están lookeados para la ocasión, como esa señora rubia, aterrizada aparentemente de manera directa desde una torre palermitana, con una vincha chick en la cabeza, el pelo rubio largo y lacio y un chalequito de piel de oso albino que debe costar lo equivalente al sueldo de cualquiera de los más de 25 actores en escena - prefiriendo ni pensarlo en relación al mío -. Me sorprende que la sala no esté llena. Imaginaba esta muy buena adaptación como un suceso mucho más grande de lo que aparenta serlo en convocatoria. Entiendo que empatizar con una obra que se estrenó al calor del asesinato de Luther King, de la Guerra de Vietnam y tan sólo un par de días antes del inicio del famoso Mayo Francés; resulta intelectualmente difícil y emocionalmente esquivo salvo que uno haya sido parte de ese movimiento revolucionario y naif en partes iguales que fue el hippismo y que se agotó pocos años después de nacer tan abruptamente como se inició. Sobre todo haciéndolo desde este momento de la historia, donde el capitalismo salvaje y el individualismo extremo han penetrado, se han diversificado y han invadido todo lo imaginable y lo inimaginable. Hoy, sólo cincuenta años después, el hippismo con sus valores y sus maneras - paz, amor, sexo y drogas libres -, nos resulta tan ajeno a nuestra concepción como la civilización Maya o egipcia, habiendo dejado como legado sólo cuestiones más ligadas a la consecución de una utopía que al contenido de la misma. Sin embargo, mirando la otra cara de la misma moneda sospecho que no existe otro momento mejor para estrenar una nueva adaptación de esta icónica obra: partidos de extrema derecha que se sospechaban extintos resurgiendo a lo largo y ancho de todo Europa, el epítome del anarcocapitalismo supremacista sentado en el Salón Oval y gobiernos de derecha - neoliberales aunque sumamente conservadores en lo cultural - brotando como hongos en toda Latinoamérica. Ni hablar de la proliferación de nuevos sujetos digitales como trolls o haters, que persiguen como única meta la confusión y el daño.


Estoy cerrando la crónica y me doy cuenta que todavía no dije una sola palabra de la obra en sí misma. Hair es un musical - o una ópera rock, como guste - de más de dos horas de duración que reúne muy buenas canciones - algunas de ellas icónicas - con una treintena de jóvenes que despliegan en el escenario un nivel de energía física sumamente contagioso. Cuerpos fibrosos, poca ropa y muy buenas voces son parte del combo. Hay una fuerte interacción con el público al que busca comprometer con las consignas y adaptación al presente acerca de temas que son los que hoy se encuentran en boga tales como el glifosato o la grieta. En este sentido llama fuertemente la atención por su ausencia la ILE que no tuvo presencia ni durante ni después de la obra con los clásicos pañuelos al momento de saludar al público. La obra es un clásico y como tal, debería ser experimentada. Líneas finales para la famosísima Let the sunshine in, canción de cierre que por repetición, aunque también por la rábica energía que casi en forma de ruego emanan los actores, llega a internalizarse en uno hasta emocionar.

Hasta luego!



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HAIR  - 50 años

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

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