Reseña









La ley de la ferocidad

Blanca de Natalia Villamil por Laura Haimovichi

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Un drama de género y rock en el conurbano bonaerense


Poesía como el último destello de vida en el margen. En el tercer cordón bonaerense, dentro de unos cortes de durlock que arman con la mayor dignidad posible una vivienda, los cuerpos traqueteados de la Argentina a los que el poder olvidó intentan delinear vidas. ¿Cómo? Desde la desesperación. Se les arrebató todo proyecto y tienen que arreglárselas. Los personajes son La Negra (Marcelo Pozzi), anfitriona y testigo participativa del drama, de sexualidad femenina y masculina; Elenita (Leticia Torres), princesa morena que se hunde en una relación violenta con Enzo Navarro (Mariano Sayavedra); Jony (Héctor Bordoni), policía suspendido por quedarse con pertenencias ajenas durante un allanamiento,( ”No por chorro, por ignorante”, advierte). Y Blanca (Monina Bonelli), la rubia que llega del campo, hermana de Elenita, y desbordante de erotismo, naturaleza y lírica.

Un “cuartel de pobres acunando sueños infames”, dirá la canción. La obra abre y cierra con los personajes montados sobre sus instrumentos de banda de rock, generando sonoridad armoniosa en una atmósfera áspera. ¿Alcanza con hablar de drama humano? No. La impudicia de la riqueza injustamente distribuida habla del presente. Lo personal es político, acuñó el feminismo hace medio siglo. No es sencillo salir de la endogamia cuando se carece de recursos materiales y simbólicos. Y es evidente que el deseo encuentra en el avasallamiento de derechos, el límite a su expansión.

Blanca reversiona en la periferia del mapamundi a la altanera Blanche Dubois de Un tranvía llamado Deseo, la tragedia de mediados del siglo pasado, escrita por el estadounidense, Tennesse Williams. Allí el arrebato sexual y el alcohol conducían a la mujer al crudo destino de la locura. Acá y ahora, la protagonista ha perdido su casa y su trabajo y, al ir tras su hermana para intentar salvarse, encuentra la compañía de un rati que provee clonazepam a cambio de inspiración masturbatoria. Son personajes que están juntos pero no pueden encontrarse, tal la herida que la soledad neoliberal ha dejado en la barriada humilde.

Blanca dona poesía donde ya no parece quedar nada, ni un mísero rastro de humanidad. “¿Se dieron cuenta que acá no llegan los pájaros?”. No tiene los códigos que quiere imponer el patriarcado (“una mujer que anda por las ramas es una ramera”, dirán), va con su cuerpo desbordante de ganas y sufrimiento en busca de libertad.

“Nos mandamos como cerdos a morfarnos todo lo que haya por ahí”, dice el actor Sayavedra en las redes sobre la actitud del elenco. Y es notoria esa entrega. Una pasión teatral. La mano experta de Cintia Miraglia en la dirección deja fluir las energías actorales y convierte el texto de Natalia Villamil en una herramienta potente para sentir y reflexionar sobre las múltiples determinaciones que operan en las personas que están al filo del abismo.



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Blanca

Escrito por Laura Haimovichi

Periodista y escritora. Fue editora de Espectáculos del diario Clarín y jefa de redacción de la Revista Genios. Es autora de los libros Broderí, De par en par, Agua en la luna, El legado de Aarón y Laetitia. Escribió la obra de teatro para niños Un beso de cuento. Escribió reseñas de teatro para el blog Todo Teatro.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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