Reseña









Más allá de la lógica de la grieta

Un hombre civilizado y bárbaro de Raúl Serrano por Laura Haimovichi

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El maestro Raúl Serrano dirige Un hombre civilizado y bárbaro , sobre los últimos días de Sarmiento.


En lo que parece ser el momento que precede a la inmovilidad eterna, Sarmiento da vueltas, confuso. Está en su casa del exilio en Yungai, Paraguay, los objetos dispuestos como parecen haberlo estado siempre: son libros, cartas, el periódico El Censor, un pupitre, la cama, el traje de capitán, su sillón. Se palpa el cuerpo: ¿Y si me hubiera muerto?, se pregunta Domingo Faustino. La duda lo tiene atrapado. Se mira en un espejo sin reflejo, ese vacío lo asusta.

No es éste el prócer de bronce, ni el magnánimo del himno “loor y gratitud… para el grande entre los grandes”. Es el hombre mayor en la plenitud de sus contradicciones, el ser humano que en su crepúsculo físico y político –aunque no intelectual- recibe a los fantasmas de sus mujeres para repasar momentos claves de su vida.

Un hombre civilizado y bárbaro, en el teatro del Artefacto, es la tercera obra de una trilogía dirigida por Raúl Serrano sobre destacados hombres públicos y políticos argentinos. En ellas viene proponiendo una síntesis entre su concepción materialista dialéctica del mundo y su cosmogonía teatral amasada durante más de sesenta años de labor, como director y maestro de actores, en la Argentina y en Rumania, México, España. Siempre privilegiando el hecho artístico, la estética con ética como método y norte.

Esa trilogía arrancó con una adaptación de "La revolución es un sueño eterno", sobre Juan José Castelli, y siguió con "El solitario de la provincia flotante", sobre Juan Bautista Alberdi, de su propia cosecha autoral. En ésta, ya Mario Moscoso era Sarmiento, pero en "Un hombre civilizado y bárbaro", el actor se ganó el protagónico. De un gran parecido físico con el impulsor de la escuela pública y uno de los fundadores del estado argentino, Moscoso encarna con enorme compromiso al ser visceral, mujeriego, vital y contradictorio que fue el controvertido sanjuanino. Como si el cuerpo y el alma del actor conformaran un dispositivo de emociones, el personaje que se mueve por el escenario genera adhesiones y rechazos en la platea.

Agresivo ante Benita, madre de su hijo Dominguito, la trata de puta, escoria, rastrera, por lo que hoy a la luz de la bienvenida marea verde hubiera sido por lo menos escrachado. Se separó de su esposa, enamorado de la joven escritora Aurelia Vélez Sarsfield, la Chinita, y ante ella se muestra desvalido. “Te amo con todas las timideces de una niña y con toda la pasión de que es capaz una mujer”, le dice ella. “Escríbeme, dime que me amas, que no estás enojado con tu amiga que tanto te quiere. ¿Me escribirás, no es cierto?”. Es Luz Moyano quien encarna a ambas mujeres con gran ductilidad, diferenciando la composición de ambos personajes: Benita, oscurecida por el dolor; Aurelia, luminosa y vital.

Promediando la obra, el público se inquieta. Es el murmullo de un muchacho de jeans, borceguíes y remera que se queja, protesta, incomoda al resto. La cuarta pared, ese muro ilusorio que separa la ficción del teatro de sus observadores, se cae. El joven que representa a la posteridad y es un contemporáneo del público cuestiona al protagonista. Al personaje lo anima con acierto Eduardo Perilli. Lo reconoce, polemiza y lo invita a que ocupe un lugar en las tarimas junto a los dueños de los aplausos, tomando una ubicación espacio-temporal inesperada. ¿Alguno de ustedes fue a la escuela pública?, nos pregunta Sarmiento. En el contexto actual, de tanto maltrato a la educación estatal, que la mayoría levante la mano emociona, actualiza la figura del sanjuanino y redondea la propuesta teatral.

Serrano se metió con un personaje espinoso. Para las miradas nacionalistas más rígidas, Sarmiento fue un enemigo de la patria. Es cierto que adoraba la "cultura" europea y detestaba a los pueblos originarios y los gauchos, entre otras atrocidades etnocéntricas. Por eso el hombre civilizado y bárbaro es, en esta puesta, una paradoja viva. Lejos de ser y aparecer como alguien bidimensional, en blanco y negro, la obra nos ofrenda un Sarmiento complejo que trasciende la lógica de la grieta. Una excelente oportunidad para reflexionar sobre el presente, revisitando a un personaje insoslayable de la Historia.



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Un hombre civilizado y bárbaro

Escrito por Laura Haimovichi

Periodista y escritora. Fue editora de Espectáculos del diario Clarín y jefa de redacción de la Revista Genios. Es autora de los libros Broderí, De par en par, Agua en la luna, El legado de Aarón y Laetitia. Escribió la obra de teatro para niños Un beso de cuento. Escribió reseñas de teatro para el blog Todo Teatro.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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