Reseña

Una reseña de Jamás me levantó la mano de Marcos Casanova, dirigida por Cristian Majolo

Este “obrón” que ya hizo más de 30 funciones el año pasado, giras por Bahia Blanca Y Santa Fe y actualmente en el teatro Korinthio, es una excelente puesta que con pocos recursos materiales, mantiene al espectador en vilo sin poder dejar de maravillarse con las actuaciones de dos grandes de la escena del teatro alternativo.

Jamás me levantó la mano

de Marcos Casanova

por Marcos Koremblit

Jamás me levantó la mano

Porque tanto Fátima (Romi Pinto) como Naiara (Malena Luchetti) son dos que son una, son madre e hija que a veces se confunden y confunden al espectador respecto de los lugares que ocupan dentro de la compleja trama vincular que componen, y que van de la risa al llanto, del amor al odio sin matices intermedios.

La historia transcurre en Villa Seca un “Pueblo chico, infierno grande” tal como anuncia el programa, donde una madre en silla de ruedas (Pinto magistral en su actuación) con su hija adolescente (Luchetti, una joven poderosísima en escena, que va a dar que hablar en el futuro) harán lo imposible por ganar un concurso de baile.

Esta es la excusa para que aparezcan viejos odios, rencores y situaciones lindando con la violencia entre ellas, único modo de intentar romper la simetría especular que encadena a la madre con la hija y a la hija con la madre.

Marcos Casanova, su autor dice: “…He observado en la relación de las madres y las hijas algo que en principio me asustó, luego me puso en acción, y finalmente me produce cierta empatía con ellas. Es una relación extraña, bipolar, se matan y cuando vas a ver qué pasó las encontrás a los besos. Esta es una historia de amor…".


Jamás me levantó la mano

Y el logro de esta obra es precisamente una historia de amor con personajes tiernos, apasionados, luchadores y dolidos, que en pocos momentos logran encontrarse y en muchos predomina una importante dosis de violencia entre ellas. El resultado que consiguen es una sala que se mantiene concentrada y muy atenta los 70 minutos en que la misma transcurre, sin poder dejar de fascinarse con la actuación de estas enormes actrices.

Mención especial merece Cristian Majolo, joven director que imprime una pasión contagiosa a cada proyecto que encara. De él se dice que es una promesa. Majolo ya cumplió la promesa hace tiempo y nos viene demostrando obra tras obra, que es “un grande”, un referente fundamental ya instalado definitivamente en la escena del teatro porteño.

Y Jamás me levanto la mano a su propio decir es “una obra que se nos fue de las manos” y se entiende que así sea. Cuando una obra artística está bien lograda ya no pertenece a nadie; ya pasa a ser patrimonio de la cultura y eso es la prueba de que la misma ha logrado su cometido.

Muy recomendable!

Escrito por Marcos Koremblit


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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