Reseña


La alquimista

La enamorada de Santiago Loza por Laura Haimovichi

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En La enamorada, de Santiago Loza, la cantante mexicana Julieta Venegas deviene una intérprete exquisita. La música es el perfume de un unipersonal con souvenirs de una infancia que podría (o no) ser la suya.


La mujer - una mujer, esta mujer- invita a viajar.
Sólo espera a cambio que la acompañe una escucha atenta.
No parece importarle que quienes la sigan sean tantos, como en otras épocas. Sino que estén ahí, con ella, en cuerpo y alma, de verdad.
Durante el periplo, breve e intenso, se mete en lo más hondo de sí para relatar fragmentos de una infancia, que podría o no ser la suya.
Convoca a su hermano el japonesito de ojos rasgados, al ama de leche de mirada cansada que ha perdido al hijo, a la madre seca y gris como los árboles del frío.
La platea la sigue con atención y se deleita. Ella parece frágil pero es potente, aparenta levedad aunque es intensa. De su boca surgen ofrendas en forma de relatos y souvenirs musicales que, aunque nuevos, llevan al territorio conocido de sus canciones. Es una cantante explorando el territorio teatral.
La mujer era y es una artista que interpreta. Pero una rebelión la acontece y marca un antes y un después en su existencia. La lucha cotidiana contra la inercia y la sumisión a la costumbre la trae hasta aquí, a un presente radicalmente distinto al de su vida en otro tiempo. La identidad del pretérito está en cuestión, ¿seguirá hoy siendo la misma que entonces? Sin estridencias, con suavidad, ella borda una historia íntima en la ceremonia de la escena, con la incertidumbre, la ternura y la curiosidad como compañeras.

Aunque el texto es de Santiago Loza (se puede encontrar en Obra dispersa, de Editorial Entropía) y la dirección es de Guillermo Cacace (el de Mi hijo camina solo un poco más lento, que vimos en la Sala Apacheta, de la calle Pasco, una mañana de domingo) es inevitable creer escuchar/ver/casi palpar mezclados en la ficción de La enamorada retazos autobiográficos de Julieta. Esa ambigüedad, cierta indistinción entre el personaje que está en escena, la cantante famosa y la persona Venegas, convierten a esta puesta en un espectáculo sugerente y lleno de interés.


La mayor parte de la platea conoce esa historia pública de la compositora e intérprete mexicana que nació en Long Beach y se crió en Tijuana, que vendió millones de discos y ganó varios Grammys. Algunos espectadores también saben algo de su existencia privada. Conoció a un editor de libros de Buenos Aires, se enamoró, se radicó acá con su hija pequeña, eligió la libertad que le da una ciudad donde puede caminar sin que la reconozcan.
Y en una búsqueda que, como toda indagación de otros paisajes, implica renuncias, se reconectó con sus comienzos. “No quería seguir con la dinámica de componer, editar un disco y salir de gira”. Y prueba la actuación, un cambio o incorporación en su actividad, aunque no se siente actriz.
El unipersonal cuenta sobre aquellos momentos primeros de una vida, que siguió los pasos impuestos por una educación católica, encerrada en el dogma y se fue deconstruyendo en la espiritualidad del arte y la creación. El diálogo “entre lo musical, lo poético y lo plástico” funda la singularidad del espectáculo.

Como una niña obediente, con un vestido rosa y zapatones oscuros de los que luego se desprende, la protagonista pide permiso y arma una trama de sensaciones e ideas como si se tratara de la filigrana de los orfebres que elaboran finas piezas de joyería. La enamorada, entonces, es como un encaje de papel con aromas, sabores y colores singulares. “No sabe bien lo que quiere decir” y tal vez eso sea lo menos importante. Lo que acá es bonito es que “lo suelta como sin querer” y en siete ocasiones con su cuatro azul, un instrumento de cuerda emparentado con la guitarra.
Contra la afirmación narcisista de las bibliotecas, contra el estilo, huyendo de lo que abruma, abriendo lo que se cierra, Cacace se ha lanzado con Venegas y el conjunto del equipo al vacío, en un trabajo de laboratorio que privilegia lo impropio, lo que no es de nadie y se erige entre todos, incluyendo al público.



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La enamorada

Escrito por Laura Haimovichi

Periodista y escritora. Fue editora de Espectáculos del diario Clarín y jefa de redacción de la Revista Genios. Es autora de los libros Broderí, De par en par, Agua en la luna, El legado de Aarón y Laetitia. Escribió la obra de teatro para niños Un beso de cuento. Escribió reseñas de teatro para el blog Todo Teatro.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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