Crónica









La degeneración de una fantasía

La primera vez de Michal Walczak por Yako

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Son pocas las veces que elijo ver obras del género del absurdo y, sin embargo, cada vez que lo hago, lo disfruto enormemente.


Ese problema comunicacional característico que limita la relación entre los personajes, lo incoherente de sus acciones mecánicamente repetitivas y sus conflictos que se anudan uno sobre otro en un sinfín de acciones enloquecidas, son el andamiaje perfecto para diseccionar como el más filoso de los escalpelos, el cuerpo putrefacto de la condición humana. Es ese trasfondo existencialista y cuestionador que a traición asesta la puñalada mientras el espectador aún se está riendo del chiste anterior, lo que me genera el máximo de los placeres. Si no hay duda de que la comedia es el género predilecto para el cuestionamiento y la disrupción, es la comedia del absurdo quien más profundiza en esta suerte de rebeldía. Pienso en Charles Chaplin quizá el mejor y más visionario de todos los directores en la historia del cine, en su personaje Charlot y en las críticas descarnadas que hizo al sistema capitalista y al nazismo por igual, mientras lograba que nos partiéramos en dos de la risa.

La primer escena - y quizá una de las pocas de este estilo a lo largo de toda la obra - propone un cuadro de una belleza casi pictórica. Allí, una mujer apenas iluminada por los rayos catódicos que emanan de una pequeña televisión, corta cebollas en una mesa ratona mientras mira, embelesada y angustiada, la pantalla. El timbre suena y ese es el puntapié inicial para una actuación que se va a desarrollar entre dos planos: el de lo real y el de lo narrativo. Porque el que está allí parado con la cara maquillada y un ramo de flores en la espalda, va a esmerarse en actuar de la mejor manera el rol que ella le confiere en lo que debería ser la noche ideal para poder, finalmente, tener su primera relación sexual. Por supuesto, los sucesos absurdos que conforman la superficie del relato encuentran en esta primera parte los mejores momentos para emerger. Desencuentros físicos y verbales, repeticiones hasta el hartazgo, malos entendidos e idas y vueltas, forman parte de esta situación desquiciada que parece enredarse más y más hasta la locura. Como si fuera un “elije tu propia aventura” creado por el mismísimo diablo, todo se vuelve un loop infinito, eterno, donde el hombre nunca jamás, parece acertar en el camino que lo llevará a tan ansiado momento. Sin embargo, en la segunda mitad lo cómico se desvanece. Un nudo en la historia, una vuelta de tuerca, nos mete en un universo de una carga, una intensidad y un dramatismo desconocido hasta ese momento. Imágenes fuertes y viscerales, de un nivel de violencia y explicitud inesperadas, nos sacuden arrojándonos a las puertas de todo un nuevo sentido en la trama. Dicho esto, es aquí donde debería detenerme si no quiero contar más de lo debido ya que la obra merece ser vista y disfrutada. Las acciones y sobre todo las actuaciones que cabalgan entre los clownesco y lo patético, se muestran lo suficientemente sugerentes como para que el espectador pueda sacar sus propias conclusiones.

No obstante algunas cuestiones: No hace falta una lupa feminista con demasiado aumento para notar una concepción machista en el desarrollo de aquella primera parte de la historia: un hombre que ve en una mujer - histérica/vueltera - un objeto sexual al cual debe satisfacer en todos sus caprichos para obtener de ella ese momento que le es vedado. Por otro lado, hay una cuestión fundamental que emerge una vez rasqueteada la superficie: la existencia de un modelo, de un deber ser - en este caso una primera vez sexual - que envenena lo real, impregnando los deseos de la protagonista de fantasías e idealismos inalcanzables que no pueden más que ofrecer un cúmulo de frustraciones al final del camino. Cuando al humano - creación imperfecta por excelencia - se le señala la perfección como meta, los resultados no pueden ser buenos… Por otro lado, la obra abunda en ciertas referencias que abrevan en el arte de corte existencialista y que a la vez son parte del género al que pertenece la obra: En boca del protagonista la pertenencia a una ciudad gigante, kafkeana, donde es fácil perderse porque todo es igual; la escena del final, sobre una barra de café que pareciera emular al famosísimo cuadro Nighthawks de Edward Hooper o ciertas cuestiones que remiten al cine de Gaspar Noé. Por último, uno de los momentos más impactantes - quizá por lo inesperado, quizá por lo casual - una reminiscencia rotunda a la maternidad robada que todos los Argentinos hicimos carne durante la última dictadura.

En fin, a pesar de pensar en forma diametralmente opuesta a L. - cosa que no suele pasar demasiado - en lo que respecta a esta obra, me siento en condiciones de afirmar que estamos frente a una de las pequeñas joyitas que, por suerte y de manera asidua, suele regalarnos el precioso arte al que denominamos teatro off.

Hasta luego!



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La primera vez

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

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Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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