Crónica

La conducta de los pájaros de Vicente Muleiro y Norman Briski por Yako

El Poeta y la Rosa Sangrante

El mundo está tan organizado como para vivir en pantuflas.

Levantarse a la seis de la mañana no es una tarea fácil para nadie, aunque ya lleves años y años de hacerlo a fuerza de costumbre. Las ojeras crecen desmesuradas al mismo ritmo que la panza, por culpa de un cuerpo que no llega a descansar las horas necesarias para un metabolismo correcto. Los picos energéticos para éste tipo de vida son dos y se dan uno alrededor de las 10 de la mañana – horario en que estoy escribiendo esto – y otro alrededor de las 4 de la tarde – horario en que seguramente lo termine de escribir –. Se es afortunado, si cada uno de esos picos dura entre hora y hora y media. El resto del tiempo uno lo vive entre el sopor, la angustia y una especie de duermevela mal concebida. Sueño si se trabaja, sueño si se come, sueño si se vive. Por eso resulta tan difícil cuando a uno le toca trabajar en la semana a la hora en que dejan de cantar los pájaros.

Aprendí tanto caminando que me olvidé hasta de mi cara. Ir al Calibán es una de esas experiencias que recomiendo a todo asiduo al teatro aunque sea un martes a las 20hs. La sala de Norman Briski – que es también taller – resulta, desde todo punto de vista, una trinchera, un lugar de resistencia. Espacio austero de pocas comodidades, uno suele verse allí apelmazado en el pequeñísimo hall de entrada, a la espera de cualquiera de sus obras en cartel que suelen llevar siempre una buena cantidad de gente. Pero la resistencia no se da sólo desde la construcción del espacio, con carteles y pancartas relacionadas al activismo por la paz y por la igualdad social, sino a partir también de los temas que tratan las obras que la sala pone a disposición del espectador. Allí se respira política y las obras también lo hacen. Un ejemplo de esto es La conducta de los pájaros, obra basada en un encuentro ficticio entre dos figuras de la izquierda una europea y otra latinoamericana: Rosa Luxemburgo y Manuel Ugarte. Entre ellos, como una suerte de mediador, Litero. Un joven hijo de éste época, revolucionario digital, adicto a las pantallas y a la información infinita a un click de distancia. Como se deja adivinar, esta obra es de un altísimo calibre político y filosófico. Aquel que no esté interesado en largas discusiones entre dos teóricos de izquierda acerca de la conveniencia entre una revolución comunista marxista como la pergeñada en la Rusia de principios del siglo XX frente a una revolución de los pueblos de corte demócrata-latinoamericanista, deberá pasar de largo ésta oferta ya que pronostico un serio aburrimiento a partir del minuto tres o minuto cuatro. Sin embargo, si existiese la posibilidad que éste debate – interesantísimo y muy necesario en épocas en que como sociedad hemos invitado muy alegremente al enemigo a cenar a nuestra mesa – le sea de interés, no debería dejarlo pasar ya sea por la temática, por la imaginería visual desplegada o por la pletórica actuación de Romina Ricci.


Entregarse de lleno a entregarse de lleno. Rosa Luxemburgo y Manuel Ugarte compartieron, en la realidad aunque presumiblemente sin encontrarse, distintos congresos de la II Internacional a lo largo del tiempo. Para saldar esta duda y esta deuda histórica, Litero los traerá al presente. ¿Qué tendrán que decirse el uno al otro? ¿Qué tendrán que decir de éste mundo actual? ¿De la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado? ¿Podrá Litero – ciudadano global como se autodefine y amante de la indignación digital – mediar entre dos personajes históricos cuya fortaleza residió en haber vivido de manera acorde a sus ideologías? Todas estas preguntas intentará resolver la obra. Preguntas que, por otro lado, son fundamentales y sospecho forman parte del mensaje encubierto que nos quieren dejar Briski y Muleiro: la deconstrucción a través de la pregunta es una herramienta indispensable para pensar el presente. Cada uno de los personajes estará escoltado por banderolas con las caras de los intelectuales que mejor los interpreta: Marx, Jaures y Foucault funcionan como guardaespaldas ideológicos en cada uno de los casos. En la medida que el debate se construye y estos personajes – parias entre aquellos mismos por quienes luchaban – comentan hechos pertenecientes a su propia vida, empieza a emerger cierta idea que la fuerza – o la solución – no está en lo que pronuncian, sino en lo que no pronuncian o, más bien, en lo que empiezan a construir entre ellos. Así, tender puentes quizá termine siendo el rol de Litero, un sujeto que no encuentra su espacio dentro de la realidad y que admira a Luxemburgo y a Ugarte por lo que él no puede o no quiere ser: un sujeto capaz de cohesionar su vida con sus ideas, luchando en el llano por aquello que cree o por lo que cree creer.

El mientras tanto es el destiempo. A modo de resumen entonces, queda repetir lo ya dicho. Una obra de altísimo calibre político con dos personajes históricos de suma relevancia como protagonistas, aunque apta para curiosos y todo aquel que se interese en temas de teoría y praxis de izquierda. Una imaginería visual muy atractiva, una banda de sonido compuesta enteramente para la ocasión por Fito Páez y una Romina Ricci que deslumbra por su entrega sobre todo al momento culmine de la obra que es un encendidísimo e inspiradísimo discurso por parte de su Rosa a todo aquel que quiera escucharla.

Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro decía un gigante de la Historia como el Che Guevara. Acá, en el Calibán, de lunes a viernes, hay lucha intelectual de la buena. Sean todos bienvenidos.

Amén!

Hasta luego!

Escrito por Yako


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.



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