Reseña

Una reseña de la obra "La Terquedad de las cucarachas" de Rubén Mosquera

La obra de teatro que, dentro de la obra de teatro, es una hermosa excusa para invitarnos a soñar.

La Terquedad de las cucarachas

de Rubén Mosquera

por Sebastian Kargdorian

La Terquedad de las cucarachas

“Alguna vez fui idealista, pero me parece poco práctico” dice con soberbia al sostener el vaso de whisky con la mano. Del otro lado de la mesa lo mira atónito el obrero mientras se aferra, nervioso, al casco.

La situación, tantas veces imaginada e interpretada, enfrenta a un empleado metalúrgico con el dueño de la fábrica al discutir por los problemas salariales y las condiciones laborales de los operarios.

O al menos eso es lo que parece.

Por el simple olvido de una palabra se descubre finalmente que todo es una fachada y que en realidad son solo dos actores ensayando la escena de una obra de teatro. Y es allí cuando comienza la verdadera historia.

Tres actores y cuatro actrices son parte de esta divertidísima trama donde se mezclan la realidad con la obra de teatro para mostrar entre risas y carcajadas las penurias, los maltratos, los egos y las pésimas condiciones en que trabaja esta compañía, como tantas otras compañías. Con críticas a los iluminadores, a los asistentes, al sonidista e inclusive a los dueños de la sala se van develando los vaivenes típicos de todo aquello que sucede detrás del telón y que los espectadores nunca llegan a ver.


La Terquedad de las cucarachas

“Antes el que escribía, escribía… y el que dirigía, dirigía” argumenta irónicamente uno de los personajes para criticar al director. Y quien escribe esta línea es, ni más ni menos, que el mismísimo Rubén Mosquera, dramaturgo y director de La Terquedad de las Cucarachas.

Referencias a Shakespeare, citas de García Lorca y canciones de comedias musicales como Cabaret y Chicago se incrustan en el torbellino de peleas que hay entre los personajes y conforman este grotesco que, por momentos, se convierte en una hermosa excusa para mostrar el inmenso talento que poseen los siete intérpretes. Talento que apenas puede contenerse dentro de tan pequeño espacio y que logra sorprender al espectador más desprevenido.

Aunque dirigida al público en general, la obra es un saludo, un guiño, una caricia, a los dementes que sufrimos y amamos hacer teatro. Dementes que, tercos como las cucarachas, sobrevivimos a todas las catástrofes con el solo objetivo de subir nuestros sueños arriba del escenario. Y una vez allí arriba invitar al espectador a que sueñe junto con nosotros.

Escrito por Sebastian Kargdorian


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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