Reseña

Una reseña de la obra La Zorra Ilusa de Ines Garland

“Cuando la búsqueda del amor es implacable y el resultado es un divertido anecdotario”

La Zorra Ilusa

de Ines Garland

por Sebastian Kargdorian

La Zorra Ilusa

Nos explica el diccionario que la palabra ZORRA no solamente es un adjetivo coloquial para referirse a una persona como “prostituta” sino que también es sinónimo de “taimada, astuta y solapada”.

En el patio de una casa con mesa de jardín, sillas y escaleras reciben a los espectadores estas dos mujeres, una más joven que la otra, que mientras riegan las plantas tararean la música que suena de fondo a todo volumen. “Por lo que fuimos, voy hasta el final” se escucha de estribillo. Y cumplen.

Con el correr de los minutos nos daremos cuenta que estas dos mujeres no son más que el mismo personaje pero retratado en momentos diferentes. La misma cadencia, el mismo humor y la misma picardía se mantienen en este personaje partido en dos tiempos, dos momentos de su vida. Y todo se ve atravesado por el mismo problema: la búsqueda del amor perfecto. O el amor al fin.


La Zorra Ilusa



Entre risas comienza un sinfín de anécdotas amorosas que se suceden una detrás de la otra para deleite del espectador. El escenario se convierte en una simple excusa de lo cotidiano para convertir al público en confidente de este anecdotario, esta conversación que mantiene consigo misma una mujer atormentada por encontrar al hombre perfecto, el hombre de sus sueños o sencillamente uno que la quiera como ella se quiere a sí misma. Y es en esa búsqueda que se topa con hombres de todas las características, con sus defectos y virtudes. Gordos, feos, mentirosos, borrachos, perversos, estudiosos y mucho más.

La autora Ines Garland de la mano de la directora Magela Zanotta hacen un recorrido por estas divertidas historias relatadas por dos grandes actrices, Victoria Bertone y Graciela Muñiz, que interpretan este personaje implacable, realista e inconformista que se ha pasado toda la vida buscando al hombre indicado.

Tal vez, solo tal vez, sea justo al final que el amor de su vida toque timbre. O tal vez sea sólo otra gran anécdota para contar.

Escrito por Sebastian Kargdorian


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.


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