Crónica


La locura es poder ver más allá

Muerte accidental de un anarquista de Darío Fo por Yako

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Una vez más me veo frente a la hoja en blanco del Word que, por segundo día consecutivo, se pavonea burlona y expectante. Ayer salí derrotado, por lo que hoy espero tener revancha. Muerte Accidental de un Anarquista es una de esas obras que tanta dificultad me generan a la hora de escribir estas crónicas. Excusar las debilidades de la forma, poniendo el acento en las bondades del guión, de la trama, del trasfondo ideológico muchas veces no es suficiente quedándome así, sin mucho que decir.


M. cree que mi trabajo es fácil y me lo hace saber siempre que puede. Hoy no es la excepción. Mientras nos tomamos la segunda cerveza me dice en confianza – todo entre nosotros es en confianza – cuál es el secreto de mi trabajo. Sólo se trata de ir a ver una obra y escribir lo que se te venga en gana, me dice. Cualquiera podría hacerlo, insiste. Cualquiera con capacidad de tipear. M. es una de las personas más inteligentes que conozco, quizá la más inteligente de todas y por este motivo me sorprende su ligereza al momento de hacer semejante afirmación. Se olvida del mecanismo que, como los engranajes de un reloj, debe funcionar a la perfección diente con diente, piñón con piñón. Palabras atadas a palabras que en un proceso dialéctico construyan algo superador, mayor a la suma de las partes involucradas. Las palabras pueden ser al mismo tiempo una prisión o la llave hacia la libertad. Dependerá de quien las use, intento explicarle, inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Mi monólogo, altisonante y barroco, se detiene cuando en un rapto de lucidez, M. nota que faltan sólo cinco minutos para que den sala y que todavía estamos a siete cuadras.

Una vez más estoy en El Tinglado para ver una obra de alto contenido político. Esta vez es una pieza del gran intelectual italiano de izquierda Dario Fo. Ganador entre otros, del Premio Nobel de Literatura en 1997, cuya vida, de por sí, ya daría para una obra a causa de todas las censuras recibidas, persecuciones ideológicas e incluso intentos de asesinato a manos de comandos fascistas entre las décadas del 60 y del 70. Muerte accidental de un anarquista, la obra del caso es, quizá, la más conocida de todas habiéndose representado alrededor del mundo en incontables oportunidades. Tanta fue su relevancia que en Italia, a tan sólo tres años de haberla estrenado en 1970, ya contaba con más de un millón de espectadores. La obra, en tono de parodia, es una fuerte denuncia al funcionamiento de las fuerzas represivas del Estado y de los medios de comunicación. En efecto, si nos guiáramos por las acciones de los personajes, lo que vemos en el escenario podría ser una película más dentro de la saga Brigada Z, película clásica de la comedia argentina protagonizada por Disi, Carambula y Renni entre otros.


Sin embargo hete aquí la cuestión planteada en la bajada: A pesar de un guión sólido y con grandes cuotas de comedia, donde los enredos – sobre todo verbales – están a la orden del día y las risas garantizadas, hay algo que falta. Me resulta difícil identificar qué y no es la primera vez que me enfrento a esta cuestión. Estas obras, con un contenido tan relevante y tan necesario para el mundo en que vivimos, también deberían ser poseedoras de un equilibrio del cual muchas veces carecen. La tranquilidad que da como base un guión sólido, muchas veces se traduce en una limitada búsqueda por parte de los actores de conformar personajes más profundos y con mayores matices convirtiéndose únicamente en sombras de las intenciones originales. Insisto, las líneas de diálogos son excelentes, disparatadas. Los malos entendidos en la línea de las clásicas comedias de enredos, generan un sinfín de situaciones que lo hacen a uno reír espontáneamente y sin embargo…

La obra se ocupa en poner de manifiesto el abuso de las fuerzas policiales, a través no sólo de la violencia física, sino también de la manipulación de las personas, de diversas situaciones, pruebas y muchas veces hasta el discurso oficial gracias a la connivencia con cierto periodismo afecto a los grandes titulares. Para eso, Fo pone a un loco – declarado formalmente histriomaníaco – en el papel de un supuesto juez que debe ocuparse de averiguar las causas de un misterioso suicidio ocurrido en una comisaría. A partir de acá, como ya se dijo, las idas y vueltas del loco, con sus discursos de doble sentido, defendiendo a quienes acusa y acusando a quienes defiende en un recorrido agotador, desnuda el accionar policial en las sombras mientras nos hace reír a carcajadas. Por supuesto que el mensaje final no es esperanzador ni mucho menos y es por eso que merece la pena ser vista. No se olviden que la risa puede salvarnos la vida, pero el mundo, el tremebundo y feroz mundo, siempre estará ahí, al acecho para dar un zarpazo y devolvernos a la más cruda realidad.

Hasta luego!



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Muerte accidental de un anarquista

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

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