Reseña


ORILLERA, quien está en la búsqueda.

Orillera de Toto Castiñeiras por Luciano Crispi

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De profundidades inciertas, oníricas y subconscientes.


Más allá del primer sentido que ofrece la palabra que da título a la última producción escénica de la compañía de Toto Castiñeiras, “Orillera” propone reflexionar sobre aspectos internos, límites y vaivenes introspectivos. Tanto por definición, como por desarrollo argumental, el término nos ubica en una ciudad (¿pueblo?) costera lindante a una masa de agua. Pero este trabajo escénico comienza a abrir sentidos -muchos de esos dejándolos volar por la sala para que el espectador termine por definirlos- desde su inicio. Entonces, orillera es más que uno de todos los elementos que componen la puesta en escena: es un personaje que duda y sufre, un concepto de marginalidad, una sensación de desarraigo, una masculinidad cuestionada, un pasado que no pasó, un amor a primera vista, un nombre prestado, la fantasía que permite sobrevivir y mucho más. Porque en todo caso, quizás como denominador común a todas las acepciones posibles, sea ese espacio abstracto de cambio e inestabilidad.

Dos historias principales que se entrecruzan en un relato fragmentado apoyado fuertemente en el trabajo físico del elenco es la estructura que sostiene el devenir -casi furioso- del oleaje de emocionalidades. Y ese es el mar que invade a estos seres que parecen no habitar ningún lugar pero que allí viven con su fuerzas y sudores rugientes... siempre como olas danzantes. Entendiendo por fisicalidad a la cualidad corporal que incluye el elemento sonoro, las interpretaciones expresan voces presentes y musculares que acompañan a la heterogeneidad de los intérpretes. Y es allí donde radica otro elemento clave de un material que denota investigación, entrega, riesgo y precisión: cada actor es pieza esencial de una puesta en escena rítmica, ágil, y que lo ubica como punto principal de la narración; siendo iluminador, escenografía, personaje, sonido, lo propio y también lo ajeno. Una dramaturgia corporal que es de manera grupal; hasta en los momentos de individualidad excediendo el propio límite y generando -casi monstruosamente- sujetos de múltiples cabezas, o extremidades, o lo que sea… múltiples al fin. La heterogeneidad del elenco aporta la gama de matices dentro de una misma tesitura que potencia la complementariedad en el eclecticismo. Las distintas particularidades se contactan (de manera literal) en una realidad escénica común, la cuál parece rebalsar y salpicar a la platea. La dirección de Castiñeiras presenta una amalgama generadora de imágenes constantes y actuada tan sólidamente que crea atmósferas íntimas pero también certeramente caóticas.


“Orillera” es quien está en la búsqueda. No sólo responde al femenino de su término; cualquier persona lo es: masculino, no binario, trans… toda manifestación de subjetividad que esté en propia construcción. El género, el tipo de familia, el modo de pareja, el sentido de la vida, la existencia misma, la moral, la propia identidad, son todas categorías clasificables que se perfilan y agrupan por compatibilidad. ¿Pero dónde está el deseo -la pulsión creadora- y qué dirección toma? Posiblemente, cualquier humane que se cuestione tales pensamientos/sensaciones estará en el arduo trabajo de indagar qué implica sentir la propia identidad; justamente, identificándose con un otre y siendo parte de un todes definido. Esta obra de teatro y su concepto son ejemplo de ese espacio-tiempo que no tiene márgenes claros y se encuentra en infinito movimiento vital. Quizás no sea en tierra firme o en lo profundo del océano, sino en la orilla. Allí dónde hay mixtura y posibilidad, agua y sequedad, algas vivas y también muertas, luz y oscuridad, lágrimas por violencia y canciones de amor.

Un elenco tan potente como intenso, en una propuesta que exige alto rendimiento físico-emocional, con mucho para decodificar al observarla, rompe esquemas y arquetipos cada función. Y por eso, no hay que perderse este sutil manifiesto a la libertad individual



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Orillera

Escrito por Luciano Crispi

Actor egresado de la Escuela Metropolitana de Arte Dramatico (EMAD, 2005)

Actor nominado como "Mejor Intérprete masculino en Musical OFF" en los Premios Hugo 2017/2018 por la obra "Menea para mí".

Desde entonces ha continuado su formación en las disciplinas de actuación, danza y canto realizando cursos y seminarios con reconocidos maestros de cada área.

Comenzó su carrera profesional en el año 2001. Se presentó en festivales teatrales de España, Uruguay, Chile y Argentina. Dos obras originales de autoría nacional que protagonizó fueron publicadas en EE.UU., España y Argentina.

Algunas de las obras en las que trabajó fueron galardonadas en los premios Estrella de MarTeatro Del MundoFlorencio SánchezTeatro XXIMaría Guerrero, Hugo, ATINA y ternadas en los premios Trinidad Guevara.

Tiene experiencia en publicidades, cortometrajes y televisión.

También se desempeña como docente desde el año 2011. Fue director artístico de “Estudio de teatro y danza Gallo Suelto”, espacio que fundó, y profesor de la materia Actuación para adultos en la “Escuela de Comedia Musical de la Fundación Julio Bocca”.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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