Reseña


El abrazo salvaje

Pasajeras permanentes de por Laura Haimovichi

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¿Viajar de limbo en limbo en busca del amor romántico puede llevar a buen puerto? Asado con ferné y una metáfora bien argentina en medio de los tarifazos y el reajuste.


-¡Sí! ¡Todo es extremadamente argento acá! Como el asado de tira, que es lo más argento que se le puede ocurrir a un argentino.
-Pero, ¿Quién come asado acá? Nosotras no vivimos de arroz blanco-teta por ser veganas. Vivimos de arroz blanco-teta debido al reajuste de la economía, que es más argento que el asado.

Se fue cayendo, se cae, se cayó el país otrora idealizado como granero del mundo. Efectivamente, las vaquitas son ajenas como escribió Atahualpa Yupanqui y, para una parte de la población, tampoco hay para el arroz. Buena parte de los habitantes del territorio nacional derivan en lucha encarnizada por la supervivencia. Marta y Mirta, las protagonistas de Pasajeras permanentes, se suben al bondi de la tarifa cada vez más alta para fregar con sus cuerpos y sus palabras a la repútrida Argentina, en el cruce del milenio y ahora, muchos años después. Una historia que se repite primero como tragedia y luego como farsa, como lo observó Marx, y en esa diferencia que es más que un matiz, el devenir pugna por encontrar la posibilidad de superarse. Pasajeras permanentes, lo que parece igual a sí mismo y lo que cambia.

Son dos actrices jóvenes que animan a dos mujeres. Una es la cronista multitarea de la sección sociales del periódico local. La otra, la eterna aspirante a tener inquilinos en el dormitorio sobrante de su casa suburbana para sumar unos pesos más. Entre ellas, habrá momentos de conversación amable con ferné, la elección de una historia como metáfora de la Argentina y masajes reparadores en los pies, mientras limpian con obsesión el suelo manchado de sangre. Pasajeras permanentes fue escrita y dirigida por Tomás Graziano, es el resultado de un prolongado proceso conjunto de indagación actoral de la Compañía Teatral El Garage. Es notable la entrega de Leila Loforte y Florencia Fangi Boggia en un registro que pica y repica en el drama y el humor para ofrecerle al espectador los artificios de un mundo extraño donde, sin embargo, es fácil reconocerse. La dramaturgia encuentra su disparador en diversos elementos de la poética de Tennesse Williams entrecruzados con nuestra realidad política y social más inmediata.


En el trayecto del viaje que los personajes emprenden habrá que gritar fuerte para encontrarle mirada al interior y que se sepa que hay quienes tocan los cuerpos de las mujeres que no les pertenecen aunque algunos pasajeros del colectivo estén (mal) convencidos de que son suyos, les pertenecen. Como dice el programa de mano: Viajando de limbo en limbo, las protagonistas se cruzan bajo el cielo estrellado de la pampa “con la Ñades Froilán, una mujer hecha jirones por su historia, a quien le prestarán sus propios cuerpos para entenderla. Irán desgajando lentamente su pasado: el de un amor romántico- nacional, trunco, que la condenó como a una vaca: a levantarse cada día y mugir perdiendo el sentido de la realidad. O encontrándolo. Eso depende de cómo se la mire”. Ñades es una ex jueza civil con gran experiencia en casar parejas que se fue al campo a buscar a su gran amor, el poderoso estanciero Gregorio Hamer Smith Prat, pero éste no la tiene en sus planes sino es para gozarla y someterla. Ambos, Ñades y Gregorio, aparecen como títeres de mano manipulados con destreza por las actrices. Y aunque Ñades hable en inglés, se vista de seda y soporte los golpes, el ricachón de la sociedad rural elegirá a una señorona de triple apellido y de su clase. Es 2001 y Ñades enloquece, como el resto de la sociedad, al grito de Que se vayan todos. El país sucumbe en la miseria. Qué difícil encontrarle explicación a ese regreso, una y otra vez, a los brazos salvajes del agresor. Pero el teatro no intenta ser didáctico ni cambiar el entorno sino entretener y sacudir conciencias para empezar a despertarlas.



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Pasajeras permanentes

Escrito por Laura Haimovichi

Periodista y escritora. Fue editora de Espectáculos del diario Clarín y jefa de redacción de la Revista Genios. Es autora de los libros Broderí, De par en par, Agua en la luna, El legado de Aarón y Laetitia. Escribió la obra de teatro para niños Un beso de cuento. Escribió reseñas de teatro para el blog Todo Teatro.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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