Crónica









LA FAMILIA: ESE INFIERNO QUE NO SE ELIGE

Pequeña pieza de juguetería de Paola Traczuk por Yako

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Lo que vamos a ver es una de esas familias disfuncionales, aunque disfuncionales de toda disfuncionalidad.


No por ser un tópico recurrente - un cliché, como quien diría - carece de verdad. Esa pienso que va a ser la primera frase, el punchline, de la crónica que voy a escribir sobre lo que acabamos de ver con L. Es nochevieja eleccionaria y entre los nervios que me corroen las entrañas y la imposibilidad de comprar una cerveza para ansiolitizarme, llegamos al Centro Cultural Recoleta invitados por mi amigo Matías Carpio para ver la obra en la que oficia como uno de los cuatro personajes en escena.

El cielo está que se cae en pleno octubre y no puedo tomarlo más que como un símbolo de mal agüero frente a lo que se avecina: cruzo los dedos. Alguna vez alguien tiene que escucharnos a los de abajo - pienso - y entramos a la sala. Nunca había ido a La Capilla. Es una sala hermosa, amplia y muy cómoda, tanto que me vi sorprendido. Si el CCR es un espacio artístico joven y moderno que merece ser recorrido, ver una obra en su sala puede ser la experiencia que complete el combo. Una vez sentados lo que vemos en escena es a una adolescente moviéndose en silencio con los ojos cerrados al compás de una música lenta e hipnótica. De hecho, parece hipnotizada por la música. Baila y se mueve como si fuera el viento que la empujara en varias direcciones. Es... es Audrey Horne bailando en medio de la recepción del Great Northern Hotel, propiedad de su padre, mientras éste intenta venderles un negocio inmobiliario en Twin Peaks a ciertos empresarios islandeses. Pero el escenario nos muestra más personajes: por ejemplo, un poco más allá, a un joven de cara parecida al heavy rejodido de Tinelli, ordenando metódicamente sus pomos de acrílico que esta niña no tardará nada en volver a desordenar y a la izquierda del público una mujer de mediana edad quieta y taciturna, sentada a una mesa rodeada de cervezas. Entonces se dispara la primer línea de diálogo y la historia empieza.

Lo que vamos a ver es una de esas familias disfuncionales, aunque disfuncionales de toda disfuncionalidad. Una disfuncionalidad a fondo. Cada uno de los cuatro componentes con un conflicto muy claro tanto interno como externo. Los intereses y las metas individuales que se expresan como la solución a cada uno de estos problemas, se contraponen y colisionan generando situaciones sumamente violentas en todos sus formas ya sea simbólica, psíquica o física. Así, el destino de esta familia no puede ser otro que el que finalmente acaba ocurriendo. La familia muchas veces sólo resulta en una caja de resonancia hueca donde rebotan y se magnifican problemas que en un principio quizá ni siquiera deberían ser abordados como tales.
Cuesta creer, como digo al principio, la existencia de un grupo de personas tan conflictuadas y con intereses tan contrapuestos entre sí... y que encima se consideren y sean considerados familia. La subtrama es débil y los dramas - que son tantos - por los que atraviesan cada uno de los personajes, están tan explicitados que no dejan nada a la imaginación, lo que supongo dificulta lograr alguna clase de identificación o empatía. Sin embargo, esto que aparenta debilidad, en mi mirada se vuelve fortaleza. La bofetada es explícita y no por eso deja de cumplir su cometido y ya que estamos en épocas eleccionarias... la represión también lo es. El retrato crudo de esta familia en franca descomposición resulta tan evidente que lo hace parecer poco mediado, lo que puede resultar en un impacto mucho más potente. Esto lo compruebo no sólo cuando la veo a L. sentada al lado con una minifalda para-corazones, compenetradísima con lo que ocurre el escenario, sino también con los cuchicheos incesantes de la parejita de atrás que intenta sublimar la tensión que genera la historia mediante el intento de anticipar aquello que puede llegar a ocurrir y que finalmente no ocurre.

En fin, - y esperando que esto no se lea como un tributo a la relación que me une con el señor Matías Carpio - creo que la obra de la joven dramaturga Paola Traczuk merece un visionado por la fuerza de su contenido y por la forma en la que es expresado. La ausencia de sutileza puede resultar una novedad y un aliciente para cierto público asiduo del off más acostumbrado a ciertas vueltas y ocultamientos en la trama.

Hasta luego!



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Pequeña pieza de juguetería

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

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Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

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