Reseña

En la vida hay que hacerse escuchar…

“…poco se sabe de la relación que existió entre dictadura y homosexualidad. Cómo fue vivir en esos años para aquellos hombres que valientemente se hacían cargo de quienes eran, en una sociedad que no estaba aún preparada para escuchar otras voces que pensaran y vivieran su sexualidad, corriéndose del pensamiento único imperante en esa época?...”

PIAF, porque el amor lo quiso

de Alberto Romero

por Marcos Koremblit

PIAF, porque el amor lo quiso

Esta obra que estrena su segunda temporada en el Paraje Artesón es una muy lograda pieza acerca de un tema no suficientemente tratado: el lugar de los homosexuales durante la última dictadura cívico-militar. Ambientado en dicho periodo la obra transcurre en dos momentos bien diferenciados: uno primero en el que festejando la última noche de Carnaval, tres actores trasvestidos representan un clima festivo en “Tres bocas” en el Delta. Lupe y Gigi actúan en torno al personaje de Piaf, que es precisamente quien le da el nombre a la obra, y que representa tal vez el único lugar ilusorio al cual estos sufridos personajes pueden echar mano frente al dolor. Pero Piaf es acosada brutalmente por Castro, comisario del barrio, quien es a su vez, amante de Lupe.

En un segundo momento, “Piaf” vuelve a ser Juan, un maestro de chicos de una villa, escondido en su casa con su amigo Oscar (antes Lupe). Allí recibe de manera clandestina a Nadieska, esposa del comisario -“El Castro” al decir de ella- para enseñarle a leer y escribir con la bella poesía de Lorca y Mariana Pineda acompañándolos. La llegada de Salvador, cura villero escondiéndose de la policía, desencadena un conflicto entre ellos y con Nadieska que marca en gran medida el desenlace de la obra.

La relación entre Juan y Oscar es muy interesante al mostrar dos ribetes diferentes de la posición del homosexual durante el Proceso y frente al poder: uno combativo y otro sumiso, pero ventajista, aprovechándose precisamente de su relación con el poder representado en la figura de Castro.


PIAF, porque el amor lo quiso



Las actuaciones de todos es digna de destacar. Alberto Romero es quien lleva la voz cantante como Piaf y como Juan. La obra es en gran medida un mérito tanto de su pluma como de su capacidad dramática. Richard Manis como Oscar realiza una actuación brillante. En la piel de mama Lupe resulta difícil creer que como actor no se haya formado en el campo del transformismo por lo impactante de su papel. Y como Oscar, adopta de manera verosímil y con la dosis adecuada de humor grotesco los estereotipos y modales de la comunidad gay, logrando un excelente desempeño actoral y estético. Adriana Enriquez como Nadiezka va logrando una mutación a lo largo de la obra digna de destacar. De la sumisa mujer del comisario va tornándose en una inteligente mujer, consciente de los hechos que suceden alrededor y de a poco con la valentía de enfrentarlos. Juan Pablo Cicilio es un Antonio Castro autoritario y despótico, representando de manera adecuada el tipo de personaje con poder de aquella época tan siniestra. Juan Rutkus es Julián, muy logrado en su papel de Gigi, travesti y mucho más aun en su breve, pero contundente “aparición” posterior. Y Mariano Vega en el papel de Salvador, el que “vino a salvarlos” al decir de Oscar, es un personaje creíble en su sufrimiento y asustado en su condición de perseguido. La dirección de Daniel Godoy da cuenta de un arduo y meritorio esfuerzo en el que es evidente las horas de trabajo allí invertidas, bien invertidas, y el buen equilibrio logrado entre director y escritor, imprescindible para lograr una obra así. El resultado es una obra bien representada con personajes con los que es fácil empatizar, ya que resultan creíbles y queribles

La escenografía de Giselle Vitullo es muy interesante ya que ha logrado en el Paraje Artesón una utilización del espacio tal, que parece una obra pensada para ser montada precisamente allí. (Mención especial merece la presencia en escena de un Winco “funcionando”, clave fundamental para esta obra en la recreación de época). El vestuario setentista de Matias Begni y Julio Cesar es muy adecuado para esta pieza.

“En la vida hay que hacerse escuchar…” nos enseña Juan. Y Piaf es una precisamente obra muy interesante, que “se hace escuchar”, en la que se refleja de manera aguda y descarnada un aspecto de lo que fue la peor página de nuestra historia reciente. Época de horror y sometimiento a un poder omnipotente y mortífero que conviene mantener siempre presente en la memoria colectiva.

Muy recomendable!

Escrito por Marcos Koremblit


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