Crónica









ALGUNAS COSAS HACE FALTA HABLAR

Pobre Daniel de Santiago Gobernori por Yako

Mirá más sobre Pobre Daniel acá

Pobre Daniel - la obra que fuimos a ver con L. - parece tener el don de la trascendencia. Va a trascender. Cuenta con todo, absolutamente todo, para hacerlo.


Brota como debería brotar el petróleo en Vaca Muerta. Como el brote de soja en los campos bonaerenses. Brota como las fakes news, los haters y las terminologías en inglés. Brota, como brota en algunas de las las películas de Cohen-Duprat. Como el neoliberalismo en Latinoamérica y la extrema derecha en Europa. Como los arrepentidos del cambio. Brota como brotan desde las universidades más variadas estudios que alertan sobre el cambio climático a los cuales nuestros líderes desoyen sistemáticamente. Brota constantemente cuando me paro frente a ellos… ¿Por qué?

Eso es lo que me pregunto mientras estoy parado en la puerta de una galería de arte a pocos metros del disimulado, aunque conocido teatro, Defensores de Bravard. Lo que brota en mí es la más absoluta incomprensión - devenido secretamente en desprecio - acerca de lo que hace toda aquella gente que, elegante sport y copa en mano, recorre los pasillos blancos quirofánicos del espacio observando - nunca mirando - pinturas que rozan la más rayana abyección estética, jugando a ser enigmas cuya retribución, intuyo, no vale siquiera el esfuerzo de intentarlo. En cambio, el teatro me fascina. Sangre, sudor y lágrimas ahí, en vivo - vivo -, delante de nuestros ojos desnudos. Dejándolo todo atrás mientras se avanza como los elefantes, balanceándose sobre la tela de una araña, en busca de una retribución inmediata. No entiendo qué ve la gente cuando ve una pintura. Intuyo que lo mismo que yo, sólo que lo disimulan.

Pobre Daniel - la obra que fuimos a ver con L. - parece tener el don de la trascendencia. Va a trascender. Cuenta con todo, absolutamente todo, para hacerlo. La sala es excelente, el texto es de una calidad superlativa y las actuaciones son de las mejores que recuerde desde hace mucho tiempo. No exagero: el teatro es vida. El teatro está vivo - no es un cuadro - y uno de sus domicilios es en Gurruchaga y Castillo. Allí, un joven psicótico regresa de imprevisto desde la clínica a la casa familiar en la que ahora conviven su hermana con su pareja, Daniel. Sin embargo no hay espacio para la alegría ni un sólo instante. La obra comienza en medio de lo que aparenta ser un brote. Felipe - el psicótico - está sentado en una silla en medio del escenario con sus puños apretados y su mirada desorbitada mientras de fondo la pareja discute silenciada por la pieza El Aprendiz de Brujo de Paul Dukas - más conocida por la canción de Fantasía (1940), aquella película de Disney en la que Mickey Mouse da vida y hace trabajar por arte de magia un grupo de escobas que rápidamente se vuelven contra él - que va in crescendo en la medida en que también parece aumentar lo que es la intensidad del brote. Dukas frena, el brote cesa, el conflicto inicia. Entre el temor de la pareja a la condición del nuevo inquilino y la imposibilidad de éste a adecuarse a formas de conversación y normas de comportamiento socialmente aceptadas, las relaciones se enturbian rápidamente llegando hasta lugares insospechados. Y es que todo en sus interacciones es a fondo.

Cada tema asoma por primera vez como una anécdota inofensiva para transformarse, con cada una de las intervenciones, en material atómicamente radioactivo. Así los celos, la inseguridad, las cuestiones nunca saldadas del pasado, los secretos e incluso el incesto copan un reencuentro familiar postergado por muchísimo tiempo. Nadie escucha a nadie y mientras más cosas dicen los personajes más cosas parecen quedar sin decir.

Lo que superficialmente funciona como una comedia de enredos repleta de equívocos y malentendidos, con miradas que pocas veces llegan a destino y niveles de verborragia por encima de la media, se dramatiza en la medida que la particular relación hermano/hermana va arrimándose a la superficie. La obra termina y con L. saltando de alegría por haber tenido la posibilidad de ver aquel tremendo pedazo de vida desplegado frente a nosotros, nos vamos a comer una pizza que aún sin saberlo quedará catalogada como una de las decepciones gastronómicas más grande que hayamos vivido. Así, para cerrar el tema y pasar al siguiente le digo a L: - Pobre Daniel. Ella levanta la vista, termina de un sorbo su vaso de cerveza y sin sacarme los ojos de encima me pregunta: - ¿Pobre Daniel?.

Hasta luego!



Mirá más sobre Pobre Daniel acá

Leé otras noticias, reseñas y crónicas acá


Pobre Daniel

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

Muchas gracias por seguirme.
Todas las semanas nuevas crónicas relacionadas a la oferta teatral porteña.
Espero que disfrutes tanto el teatro como yo.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de deTeatro.

Esta Nota fué leida 829 veces.

Publicitá en deTeatro.com.ar




Vendé tus entradas en deTeatro

Realizado con el apoyo de Con el apoyo de Proteatro