Reseña

Cuando el tiempo es constantemente presente, la nostalgia es el recuerdo de lo que yace perdido en el pasado

Francisco y Roberto, ya casi sexagenarios, deciden volver al pueblo de su infancia para filmar un documental. Al llegar se encuentran con un escenario desolador: todo aquello que era, fue, mas ya no lo es más. Un pueblo abandonado, fantasma, que dispara los recuerdos del pasado y los hace tropezar en los rincones de la memoria. Sus esposas estarán allí para acompañarlos en este viaje en búsqueda de un tiempo y un lugar perdido.

Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

de Gabriela Izcovich

por Sebastian Kargdorian

Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

Sin más escenografía que las palabras y con pequeños y sutiles cambios de luz, los actores nos invitan a imaginar este páramo desolado a 430 kilómetros de algún lado, rodeado de campo y varado en algún momento de la historia. Una plaza, una escuela, la iglesia, el cementerio, sus casas y el campo infinito que lo rodea absolutamente todo. Todo ello sirve para rememorar detalles de un tiempo pasado donde la memoria siempre es confusa.

Rodeados de un mar de emociones, los personajes ingresan en conflicto consigo mismos y nadan en la metáfora del presente contínuo y fugaz que expresa T.S. Elliott: “El tiempo presente y el tiempo pasado acaso estén presentes en el tiempo futuro. Y tal vez al futuro lo contenga el pasado. Si todo tiempo es un presente eterno, todo tiempo es irremediable”.


Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

Una comedia en tono melancólico que apela a nuestros recuerdos y nos interpela directamente a los espectadores desde la poesía de la anécdota. Los personajes, bellamente interpretados, nos hablan por momentos con la naturalidad de la risa y por momentos con la voz quebrada, sucumbidos por el peso de las circunstancias.

Hacia el final y ante lo inevitable, quedará claro que a veces es imposible ingresar en la vida de aquellos con demasiado pasado y que es preferible dejar los recuerdos tal y como estaban, bañados con el azul profundo de la nostalgia.

Escrito por Sebastian Kargdorian


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