Crónica









EL MUNDO EN SEIS LUNARES

Testimonios para invocar a un viajante de Patricio Ruiz por Yako

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Un despliegue escénico, con una chispa y una actitud digna de su personaje. Si quieren saber si vale la pena esta obra, yo creo que sí.


Una vez más asistimos con L. a la función de una obra a la cual podría caberle, cómoda y tranquilamente, sin sonrojarse, la etiqueta de autoficción. En lo que a mí respecta, desde hace algunos años hasta acá - con Sergio Blanco y sus exitos en Timbre4 como Tebas Land y La ira de Narciso - este género viene siendo explorado, en mayor o menor medida, en distintas propuestas independientes teniendo en Marina Otero a la última gran abanderada. Es un tema que con L. debatimos seguido. Ayer nomás - no, hoy al mediodía - nos burlabamos, como siempre lo hacemos, de aquella gente que vive por y para las redes. Claro, nosotros no tenemos - activos - nada de nada: No Facebook, no Instagram, no Twitter, no Snapchat, no Tik Tok ni nada de ninguna red social que haya dando vueltas. La proliferación de las selfies y la construcción del yo digital nos pasa olímpicamente por el costado casi sin despeinarnos y sin embargo hay ahí algo que nos fascina y nos convoca. He aquí nuestras ideas: dos caras de la misma moneda: la autoficción digital salta las pantallas y se vuelve autoficción teatral. No hay ahí diferencias. Ambas construyen su relato mediante recortes de la realidad: o son fotos retocadas digitalmente o memorias recortadas inconscientemente. La explosión de lo autorreferencial en las redes sociales trae aparejado la explosión de lo autorreferencial en lo artístico. Hoy cabe preguntarnos más que nunca ¿Somos eso que mostramos? ¿somos eso que elegimos mostrar? ¿O somos otra cosa? y si somos otra cosa, ¿qué somos?

La escenografía parece sacada de una sitcom. Un ambiente, al lado de un ambiente, al lado de una terraza todo separado por medias paredes y falsas puertas. Cada uno de estos espacios nos llevará a distintas etapas del viaje tanto físico como mental al cual Patricio Ruiz nos invitará a acompañarlo. La cosa es así: Un drag queen homosexual - alterego del autor - pasa la noche con un hombre del que queda totalmente prendado pero, a la mañana siguiente, ese hombre desaparece y con él toda la ilusión de un posible amor. Así las cosas, con algo de dinero heredado y con un documental en marcha como excusa, el protagonista sale a su caza atravesando océanos y kilómetros de tierra para entrevistarse con cualquier persona de su entorno que pudiera aportar datos. Los personajes con los que se cruza son de lo más diverso y cada uno de ellos no sólo aporta una nueva mirada sobre el amor perdido en cuestión, sino también sobre lo que la soledad y la marginalización significan para cada uno de ellos.

Con L. estamos viendo En Terapia. Yo por segunda vez y ella por primera. La tentación de psicoanalizar a los personajes es alta. ¿Hay alguna duda de que son la ausencia paterna y los desequilibrios maternos los que lo hayan empujado a esta obsesión? Disculpen pero lo que digo lo aseguro: Acá no hay una pizca de amor. Acá lo que hay es un sujeto herido corriendo detrás de una obsesión, de una imagen, una proyección que él mismo depositó en un desconocido sujeto con el que pasó una única noche. Ni siquiera sabe su nombre pero allí lo vemos atravesando el globo. ¿No hay amor? Quizás exagero. Uno de los entrevistados es el padre: qué nivel de dignidad, de respeto, de honorabilidad que desprende ese hombre! Su pobre cuerpo lo aqueja, sin embargo la altivez con la que habla de la ausencia del hijo al que ama y extraña nos inunda el alma. Ahí es donde radica el amor: No en el que persigue, sino en el que deja libre, en el que abre la puerta de la jaula invitando al amado a volar.

La obra es intensa. Sus personajes lo son mientras viven al margen de la norma. La comedia, el musical, las luces y los brillos se entremezclan perfectamente con escenas de un (auto) desgarramiento profundo donde vemos al protagonista abrir su pecho y desbordar en palabras sólo para intentar decirnos aquello que le pasa. Un punto aparte se merece la impresionante actuación de Agustín Rittano como La Tonia. Un despliegue escénico, con una chispa y una actitud digna de su personaje. Si quieren saber si vale la pena esta obra, yo creo que sí. Es una buena manera de introducirse en este género tan en boga y que de manera directa o indirecta nos obliga a voltear nuestra mirada hacia adentro y preguntarnos ¿Somos o nos hacemos?

Hasta luego!



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Testimonios para invocar a un viajante

Escrito por Yako

Aguafuertes Teatrales por Yako

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