Anita o La tragedia de las partes

de Luis Longhi

Teatro










Anita o La tragedia de las partes

de Luis Longhi

Teatro

 “Anita o La tragedia de las partes” es una historia de amor que termina mal o quizá termina bien, esto varía según quién saque la conclusión final. Tres amigos manipulando hasta límites insospechados un destino evitable. La mente perversa de una chica de la high society, criada en la abundancia, con su vida material resuelta, que vive en un mundo paralelo al de la gente común. An...
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Anita o La tragedia de las partes Anita o La tragedia de las partes

Sinopsis

Teatro

Duración 60 minutos

 “Anita o La tragedia de las partes” es una historia de amor que termina mal o quizá termina bien, esto varía según quién saque la conclusión final. Tres amigos manipulando hasta límites insospechados un destino evitable. La mente perversa de una chica de la high society, criada en la abundancia, con su vida material resuelta, que vive en un mundo paralelo al de la gente común. Anita manipula, Anita engaña, Anita pervierte el orden establecido. 

El arte es verdad pero también es engaño. El teatro es convención pero también es una trampa en la que cada una de las partes, el que lo genera y el que lo recibe, aceptan y establecen una serie de engaños normativos. Ya desde lo dramatúrgico “Anita o La tragedia de las partes” exacerba los preceptos antes señalados hasta el punto de prever que su contemplación escénica resulte profundamente perturbadora. Y esta idea tan claramente expresada desde lo textual será el motor que desgrane teatral, plástica y musicalmente nuestro espectáculo. Por eso, más allá de los artificios preestablecidos, nuestro mecanismo estará tan pendiente de la verdad escénica, como de los engaños a los que vamos a someter al espectador. El espectador es la parte del engranaje fundamental del hecho teatral, sin espectador no hay obra, sin predisposición del espectador no hay intercomunicación, no hay ida y vuelta,  tampoco si desde el escenario no se le proponen gestos teatrales que capten su atención. Nosotros vamos a penetrar la mente y el corazón del espectador antes de que se siente en su butaca, por eso la música vendrá (ejecutada en vivo por un Cuarteto de cuerdas) desde antes que se dé sala. Vamos a inundar al espectador de sentido teatral, musical y plástico. Lo vamos a avasallar de sentidos. Y además vamos a lograr que se excite sexualmente sin desnudos, sin besos, sin abrazos. Lo sexual va a estar sin estar. Vamos a engañar al espectador. Vamos a confundirlo. Vamos a manipularlo. Lo vamos a llenar de música hipnótica, bella, sensual, dramática, sugestiva. Pero además vamos a invadirlo visualmente, plásticamente. Esta obra va a ser un cuadro en movimiento. Un cuadro con música. Un cuadro con música, alma y vida. La mente de Anita marca el rumbo. De la cabeza de Anita salen ideas perversas pero también música, será la música la que marque el latido de esta obra.

El punto de vista que en principio se establece no será tal al finalizar el espectáculo. Será nuestra vil intención que todo ángulo de acción y de comprensión de lo manifestado evolucione vertiginosamente hacia caminos insospechados. Casi sin advertirlo el espectador quedará encerrado en las mismas dudas y paradojas que el personaje al que se le tiende una trampa inaudita e inesperada. Lo teatral quedará atrapado dentro de lo teatral. La crudeza e inteligencia del personaje central es el nudo a desentrañar para intentar llegar a buen puerto, para lograr que el espectador se sorprenda tanto como el personaje engañado. El arte dentro del arte. El teatro dentro del teatro. Lo plástico, desde lo no figurativo y abstracto de la pintura, también adentro de la misma bolsa. Y ni que decir de la música. Estructuraremos nuestro dispositivo escénico según el suceder de un Cuarteto de cuerdas compuesto para la ocasión y ejecutado en vivo. El espíritu de cada uno de sus cuatro movimientos es exactamente el criterio con el que avanza dramáticamente nuestro espectáculo estableciendo un orden (y desorden sonoro) desde dos ángulos muy claramente prediseñados y expuestos para que el espectador (nuestro objeto de engaño) entienda sin lugar a dudas los códigos de la generación de ese orden temporal y lúdico. Un tocadiscos como gesto hiperrealista de lo musical y la mente perversa de Anita como gesto simbólico de la misma cosa. Es decir, las artes plásticas, desde las formas de ese loft cuasi oligárquico repleto de arte abstracto; lo musical, con el cuarteto de cuerdas (real) en el mundo imaginario de Anita, y lo teatral, que surge de esta rara alquimia en movimiento. El dolor que padece Anita, que genera Anita, tendrá la belleza y el dolor que sólo son capaces de trascender a través del arte. Del arte dentro del arte.

Ficha Técnica

ActorPablo Sórensen
ActorSebastián Politino
ActrizMaia Francia
ActrizMaria Viau
Asistente de DirecciónDana Taicher
Direccción MusicalJuan Ignacio Lopez
Música OriginalJuan Ignacio Lopez
MúsicoNicolas Muñoz
MúsicoEsteban Fioroni
MúsicoValter Izzo
MúsicoLuz Merlo
PrensaTEHAGOLAPRENSA
Producción EjecutivaDana Taicher
Producción GeneralBACS PRODUCCIONES
DirecciónLuis Longhi
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Información provista por Andrea Feiguin


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